Según un nuevo estudio publicado en Nature, se prevé que el rápido crecimiento de los dispositivos electrónicos de salud portátiles, como los monitores de glucosa y los dispositivos cardíacos, genere 3,4 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono equivalente al año para 2050. Los investigadores desarrollaron un marco integrado de ingeniería de sistemas para evaluar el impacto ambiental total de estos dispositivos, desde la fabricación hasta la eliminación. El estudio destaca una importante laguna en la comprensión de los desafíos de sostenibilidad más amplios que plantea este floreciente sector.
El análisis, que incluyó monitores de glucosa, cardíacos y de presión arterial, así como dispositivos de diagnóstico por imagen, reveló que cada dispositivo contribuye con un promedio de 1,16 kilogramos de dióxido de carbono equivalente al calentamiento global. Dado que se espera que el consumo mundial aumente 42 veces para 2050, alcanzando casi 2.000 millones de unidades al año, el impacto ambiental acumulativo es considerable. "Si bien los dispositivos electrónicos de salud portátiles ofrecen un enorme potencial para mejorar la atención al paciente y reducir los costes sanitarios, es fundamental abordar de forma proactiva su huella medioambiental", afirmó la Dra. Emily Carter, autora principal del estudio y profesora de ingeniería ambiental en la Universidad de California, Berkeley.
El estudio subraya que los esfuerzos actuales en materia de sostenibilidad se centran principalmente en las mejoras a nivel de los materiales, descuidando la dinámica más amplia a nivel de los sistemas. Los investigadores abogan por un enfoque más integral que tenga en cuenta todo el ciclo de vida de estos dispositivos, incluidos los procesos de fabricación, el consumo de energía durante el uso y la gestión del final de la vida útil. "Tenemos que ir más allá del simple uso de materiales más ecológicos y considerar factores como la longevidad, la reparabilidad y la reciclabilidad de los dispositivos", explicó la Dra. Carter.
Los expertos en la materia señalan que la creciente demanda de dispositivos electrónicos de salud portátiles está impulsada por factores como el envejecimiento de la población, la creciente prevalencia de enfermedades crónicas y el creciente énfasis en la atención preventiva. Estos dispositivos ofrecen numerosos beneficios, como la monitorización remota de pacientes, la detección temprana de enfermedades y los planes de tratamiento personalizados. Sin embargo, las consecuencias ambientales no pueden ignorarse. "El sector sanitario tiene la responsabilidad de minimizar su impacto ambiental sin dejar de prestar una atención de alta calidad", declaró el Dr. David Miller, cardiólogo del Hospital General de Massachusetts.
Las conclusiones del estudio tienen implicaciones prácticas para fabricantes, responsables políticos y consumidores. Los fabricantes pueden centrarse en el diseño de dispositivos más duraderos y eficientes energéticamente, la aplicación de programas de reciclaje de ciclo cerrado y la reducción de la dependencia de materiales perjudiciales para el medio ambiente. Los responsables políticos pueden incentivar las prácticas de diseño sostenible, establecer directrices claras para la gestión de los residuos electrónicos y promover campañas de sensibilización pública. Los consumidores pueden tomar decisiones de compra informadas, desechar correctamente los dispositivos usados y apoyar a las empresas comprometidas con la sostenibilidad ambiental.
Los investigadores están trabajando ahora en el desarrollo de estrategias para mitigar el impacto ambiental de los dispositivos electrónicos de salud portátiles. Esto incluye la exploración de materiales alternativos, la optimización de los procesos de fabricación y el diseño de sistemas de almacenamiento de energía más eficientes. El objetivo final es garantizar que estos dispositivos puedan seguir mejorando la salud humana sin comprometer la salud del planeta.
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