Casi una semana después de que el expresidente estadounidense Donald Trump anunciara lo que describió como el primer ataque terrestre estadounidense en una campaña de presión militar de cuatro meses contra Venezuela, los detalles que rodean el evento siguen siendo escasos. CNN y The New York Times informaron a última hora del lunes que la CIA supuestamente había utilizado un dron para atacar una instalación portuaria supuestamente utilizada por la pandilla callejera Tren de Aragua.
El presunto ataque con drones marca una escalada significativa en la guerra en la sombra en curso entre Estados Unidos y Venezuela, un conflicto arraigado en años de inestabilidad política y económica dentro de la nación sudamericana. Estados Unidos ha acusado durante mucho tiempo al presidente venezolano Nicolás Maduro de gobierno autoritario, corrupción y abusos contra los derechos humanos, mientras que Maduro sostiene que Estados Unidos está intentando desestabilizar su gobierno y apoderarse de las vastas reservas de petróleo de Venezuela.
No se reportaron víctimas en el presunto ataque, pero la fecha, hora y ubicación siguen siendo desconocidas. El gobierno venezolano aún no ha comentado oficialmente sobre el incidente.
La situación se desarrolla en un contexto de profunda polarización política dentro de Venezuela. Si bien Maduro mantiene el control del poder, enfrenta una importante oposición tanto a nivel nacional como internacional. Las protestas, a menudo reprimidas por el gobierno, se han convertido en una característica recurrente de la vida venezolana. Una fotografía tomada el 22 de diciembre de 2025 en Caracas muestra a un manifestante montando una motocicleta adornada con un cartel de Donald Trump, lo que destaca los sentimientos complejos y, a menudo, contradictorios dentro del país.
El Tren de Aragua, la pandilla supuestamente atacada en el ataque con drones, ha expandido su alcance por toda Sudamérica, participando en actividades delictivas que van desde el tráfico de drogas hasta la extorsión. Su presencia ha desestabilizado aún más la región, creando un complejo desafío de seguridad para los países vecinos.
Estados Unidos tiene una larga historia de intervención en América Latina, a menudo justificada por la Doctrina Monroe, que afirma la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental. Los críticos argumentan que tales intervenciones a menudo han socavado la democracia y alimentado la inestabilidad.
Según informes, los juegos de guerra estadounidenses han desarrollado escenarios para la caída de Maduro, ninguno de los cuales terminó bien para Venezuela, según fuentes familiarizadas con las simulaciones. El potencial de una mayor escalada sigue siendo alto, con implicaciones para la estabilidad regional y las relaciones internacionales. La situación está siendo monitoreada de cerca por organizaciones internacionales, incluidas las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos, pero un camino claro hacia la desescalada sigue siendo difícil de alcanzar.
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