El detonante inmediato de la última ola de manifestaciones fue un fuerte aumento en el precio de los bienes esenciales, particularmente los alimentos básicos como el pan y el aceite de cocina. Según informes de periodistas ciudadanos y organizaciones de derechos humanos, las protestas estallaron en las principales ciudades, incluidas Teherán, Isfahan y Mashhad. Los manifestantes corearon consignas contra el gobierno y pidieron reformas económicas y políticas.
El rial iraní se ha depreciado constantemente frente a las principales monedas, lo que ha encarecido las importaciones y ha contribuido a las presiones inflacionarias. Las sanciones impuestas por Estados Unidos y otros países, destinadas a frenar el programa nuclear de Irán, restringieron significativamente el acceso del país a los mercados y sistemas financieros internacionales. Esto, a su vez, dificultó la capacidad de Irán para exportar petróleo, su principal fuente de ingresos.
"Las sanciones han paralizado nuestra economía", dijo un economista con sede en Teherán que habló bajo condición de anonimato debido a preocupaciones de seguridad. "Han hecho increíblemente difícil para las empresas operar y para la gente común llegar a fin de mes".
El gobierno iraní respondió a las protestas con una combinación de fuerza y medidas conciliatorias. Según los informes, las fuerzas de seguridad utilizaron gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a las multitudes, y se realizaron numerosos arrestos. Al mismo tiempo, la administración del presidente Ebrahim Raisi anunció una serie de medidas económicas destinadas a aliviar la crisis, incluidos subsidios para bienes esenciales y mayores pagos de bienestar social. Sin embargo, estas medidas hasta ahora no han logrado sofocar el descontento público.
La crisis económica también afectó a industrias clave dentro de Irán. El sector automotriz, que depende en gran medida de componentes importados, enfrentó importantes interrupciones en la producción. El sector tecnológico, aunque relativamente pequeño, tuvo dificultades para acceder al hardware y software necesarios debido a las restricciones comerciales. Estas interrupciones exacerbaron aún más el desempleo y las dificultades económicas.
De cara al futuro, la situación en Irán sigue siendo volátil. El gobierno se enfrenta a un difícil equilibrio entre mantener el orden y abordar los agravios económicos subyacentes que están alimentando las protestas. La posibilidad de una mayor escalada sigue siendo alta, particularmente si la situación económica continúa deteriorándose. Los observadores internacionales están monitoreando de cerca la situación, y muchos piden una resolución pacífica de la crisis y que el gobierno iraní respete los derechos de sus ciudadanos a la reunión y expresión pacíficas.
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