Las fuerzas respaldadas por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos se enfrentaron directamente en Yemen el mes pasado, lo que marcó una escalada significativa en la guerra civil en curso del país y amenazó su posible partición. Los enfrentamientos siguieron a las ofensivas lanzadas por las fuerzas del Consejo de Transición del Sur (STC), de tendencia separatista, en el este de Yemen.
La fractura de la alianza saudí-emiratí, que anteriormente había apoyado al gobierno de Yemen reconocido internacionalmente contra los rebeldes hutíes respaldados por Irán, ha resultado en que las dos potencias del Golfo respalden a facciones opuestas sobre el terreno. El STC, apoyado por los EAU, ahora está presionando por la independencia de un estado separatista en el sur de Yemen.
El viernes, las fuerzas respaldadas por los EAU declararon que había comenzado una "guerra", acusando a las fuerzas terrestres respaldadas por Arabia Saudita de lanzar un ataque en conjunto con los ataques de la fuerza aérea saudí. Las acusaciones resaltan la creciente brecha entre los antiguos aliados.
La guerra civil de Yemen comenzó en 2014 cuando el movimiento hutí tomó el control de gran parte del norte de Yemen, incluida la capital, Sanaa. Desde entonces, el conflicto ha sumido a la ya empobrecida nación en una crisis humanitaria, marcada por la violencia generalizada, el desplazamiento y una grave crisis de hambre. Las Naciones Unidas han advertido repetidamente que Yemen enfrenta uno de los peores desastres humanitarios del mundo.
La coalición liderada por Arabia Saudita, incluidos los EAU, intervino en Yemen en 2015 con el objetivo declarado de restaurar el gobierno del presidente Abd-Rabbu Mansour Hadi. Sin embargo, la intervención ha sido ampliamente criticada por exacerbar el conflicto y contribuir a las bajas civiles.
Los enfrentamientos actuales entre las fuerzas respaldadas por Arabia Saudita y los EAU añaden una nueva capa de complejidad al conflicto ya multifacético. El potencial de un estado separatista en el sur de Yemen plantea preocupaciones sobre la futura integridad territorial y la estabilidad del país. La situación también presenta un desafío a los esfuerzos internacionales para mediar en una resolución pacífica de la guerra.
Los analistas sugieren que la evolución de la dinámica podría envalentonar aún más a los rebeldes hutíes, lo que podría prolongar el conflicto y profundizar la crisis humanitaria. La comunidad internacional está monitoreando de cerca la situación, con llamados a la desescalada y un enfoque renovado en la búsqueda de una solución política al conflicto yemení.
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