La interpretación de Timothée Chalamet de Marty Mauser en "Marty Supreme" está generando debate, con algunos críticos cuestionando la simpatía del personaje, un sentimiento que el crítico jefe de cine de Variety, Owen Gleiberman, descarta como reminiscente de "ejecutivos de estudio corruptos". Gleiberman argumenta que la simpatía no es un requisito previo para personajes convincentes, especialmente cuando son traídos a la vida por actores que poseen un carisma innegable.
Gleiberman sostiene que Chalamet, al igual que Dustin Hoffman, Julia Roberts o Brad Pitt, posee un "factor X" que cautiva al público independientemente de la brújula moral del personaje. Plantea la pregunta retórica: "¿Alguna vez ha habido un sinvergüenza simpático en las películas? ¡No! ¡Ni una sola vez!", sugiriendo que los personajes defectuosos pueden ser tan, si no más, atractivos que los tradicionalmente heroicos.
El debate en torno a la simpatía de Marty Mauser destaca una discusión más amplia dentro de la industria cinematográfica sobre las expectativas del público y los tipos de personajes que resuenan en el cine contemporáneo. Algunos argumentan que el público se siente cada vez más atraído por personajes moralmente complejos que reflejan las ambigüedades de la vida real, mientras que otros sostienen que los espectadores todavía anhelan figuras aspiracionales.
El impacto cultural de "Marty Supreme" y la actuación de Chalamet está por verse, pero la defensa del personaje por parte de Gleiberman sugiere un posible cambio en la forma en que el público percibe y acepta a los protagonistas defectuosos. El éxito, o la falta de él, de la película podría influir en futuras decisiones de casting y enfoques narrativos, allanando potencialmente el camino para personajes moralmente más ambiguos en el cine comercial.
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