Fuerzas militares de EE. UU. invadieron Venezuela la madrugada del sábado, destituyendo al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores. La pareja fue inmediatamente acusada por el Departamento de Justicia de EE. UU. de cargos de tráfico de narcóticos. La acción, ordenada por el presidente Trump, intensifica drásticamente la guerra contra las drogas de EE. UU.
La incursión ocurrió el 3 de enero en un lugar no especificado de Venezuela. La Fiscal General Pam Bondi anunció los cargos, alegando "tráfico de drogas y conspiraciones de narcoterrorismo". Maduro y Flores ahora enfrentan una posible extradición a los Estados Unidos.
La reacción internacional es mixta. Algunas naciones condenaron la intervención estadounidense como una violación de la soberanía venezolana. Otros expresaron su apoyo, citando preocupaciones sobre el tráfico de drogas y la estabilidad regional.
Esta acción ocurre en medio de la controversia sobre los recientes indultos y conmutaciones del presidente Trump para los delincuentes convictos por drogas, incluido el expresidente de Honduras. Los críticos cuestionan la coherencia de la política antidrogas de EE. UU.
El futuro de Maduro sigue siendo incierto. El gobierno de EE. UU. aún no ha anunciado planes para un gobierno interino en Venezuela. La situación sigue siendo fluida.
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