El presidente Donald Trump declaró que Estados Unidos se apoderaría de los recursos petroleros de Venezuela, afirmando que el petróleo debería servir como reembolso por gastos previos de Estados Unidos. Trump hizo la declaración el 4 de enero de 2026, indicando una futura intervención estadounidense en la industria petrolera de Venezuela.
Trump afirmó además que Estados Unidos gobernaría Venezuela después de aprehender al presidente Nicolás Maduro y trasladarlo a Nueva York. Los detalles específicos de cómo Estados Unidos pretende ejecutar este plan, incluyendo la justificación legal para apoderarse de los activos venezolanos y destituir a su presidente, siguen sin estar claros.
Venezuela posee las reservas de petróleo probadas más grandes del mundo, estimadas en más de 300 mil millones de barriles. La industria petrolera del país, controlada en gran parte por la estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), ha sufrido años de mala gestión, falta de inversión y sanciones estadounidenses. Estas sanciones, impuestas en respuesta al régimen autoritario de Maduro y a los abusos contra los derechos humanos, han reducido significativamente la producción y las exportaciones de petróleo de Venezuela.
Analistas de la industria sugieren que una toma de control estadounidense de la industria petrolera de Venezuela podría tener importantes ramificaciones para los mercados energéticos mundiales. Una repentina afluencia de petróleo venezolano al mercado podría deprimir los precios, impactando a las naciones y empresas productoras de petróleo en todo el mundo. Por el contrario, el control estadounidense podría conducir a un proceso de producción más estable y eficiente, lo que podría aumentar el suministro a largo plazo.
La posible incautación plantea interrogantes sobre el derecho internacional y la soberanía de las naciones. Expertos legales señalan que tal acción probablemente se consideraría una violación de las normas internacionales a menos que sea sancionada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo cual es improbable dados los estrechos lazos de Rusia y China con Venezuela.
El gobierno venezolano aún no ha respondido oficialmente a la declaración de Trump. Sin embargo, declaraciones anteriores de funcionarios venezolanos han condenado las sanciones estadounidenses como ilegales y una forma de guerra económica. La comunidad internacional está observando de cerca la situación, y muchas naciones instan al diálogo y a una resolución pacífica de la actual crisis política y económica en Venezuela. Los próximos pasos inmediatos siguen siendo inciertos, a la espera de nuevos anuncios del gobierno de Estados Unidos y la reacción de Venezuela y otros actores internacionales.
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