Según un comunicado de EE. UU., las 13 empresas italianas abordaron muchas de las preocupaciones planteadas anteriormente por el gobierno estadounidense. EE. UU. había acusado a estas empresas de vender productos de pasta a precios injustamente bajos, proponiendo inicialmente aranceles de casi el 92%. Los aranceles, un tipo de impuesto pagado por los consumidores que importan productos, han sido un componente clave de la política comercial del presidente Donald Trump desde su regreso a la Casa Blanca el año pasado. Esta política tenía como objetivo abordar las prácticas comerciales consideradas perjudiciales para EE. UU. y reforzar la manufactura estadounidense.
Los economistas han advertido sistemáticamente que los aranceles pueden, en última instancia, aumentar los costos para los consumidores, exacerbando los problemas del costo de vida. En el caso de la pasta, EE. UU. alegó que las empresas italianas estaban incurriendo en prácticas comerciales desleales. La reducción de los aranceles propuestos sugiere un posible cambio en el enfoque de EE. UU. o un reconocimiento de los posibles impactos negativos en los consumidores estadounidenses.
La amenaza inicial de altos aranceles a las importaciones de pasta italiana refleja una tendencia más amplia de utilizar los aranceles como herramienta en las negociaciones comerciales internacionales. Si bien la administración Trump argumentó que tales medidas eran necesarias para proteger las industrias y los empleos estadounidenses, los críticos sostuvieron que podrían conducir a medidas de represalia de otros países y dañar la economía global. El estado actual de los aranceles reducidos sigue sujeto a un seguimiento continuo y a posibles ajustes basados en nuevos acontecimientos en las relaciones comerciales entre EE. UU. e Italia.
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