La decisión del presidente Trump de deponer al presidente venezolano Nicolás Maduro mediante una acción militar ha obtenido el apoyo de líderes republicanos, pero también ha suscitado escepticismo y oposición por parte de algunos funcionarios electos de EE. UU. de todo el espectro político. Un pequeño contingente de miembros republicanos de la Cámara de Representantes y senadores del Partido Republicano expresaron su preocupación, cuestionando la legalidad y la sensatez de la intervención.
Si bien la mayoría de los legisladores conservadores respaldaron públicamente las acciones de Trump, surgieron voces disidentes dentro del Partido Republicano. Estos funcionarios argumentaron que el Presidente debería haber buscado la aprobación del Congreso antes de iniciar una acción militar. "Si el Presidente cree que es necesaria una acción militar contra Venezuela, debería presentar el caso y el Congreso debería votar antes de que se pongan en riesgo vidas estadounidenses", declaró un senador republicano, hablando en condición de anonimato.
La invasión de Venezuela ocurrió el sábado 3 de enero de 2026, cuando las fuerzas estadounidenses capturaron al presidente Nicolás Maduro y a su esposa. La medida se produjo tras la escalada de tensiones entre Estados Unidos y Venezuela, alimentada por acusaciones del régimen autoritario de Maduro y presuntas violaciones de los derechos humanos. La administración Trump había impuesto previamente sanciones a Venezuela y reconocido al líder opositor Juan Guaidó como el presidente legítimo del país.
La base legal para la intervención militar estadounidense sigue siendo un punto de discordia. Los críticos argumentan que la acción viola el derecho internacional y la Constitución de los Estados Unidos, que otorga al Congreso el poder de declarar la guerra. Los partidarios de la intervención sostienen que era necesaria para proteger los intereses de seguridad nacional de EE. UU. y promover la democracia en la región.
La situación en Venezuela sigue siendo fluida. Estados Unidos ha instalado un gobierno interino, pero se enfrenta a la resistencia de los leales a Maduro. La comunidad internacional está dividida: algunos países condenan la intervención estadounidense y otros la apoyan. Las consecuencias a largo plazo de la acción estadounidense para Venezuela y la región son inciertas.
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