Elio Mendoza, residente en las afueras de Caracas, relató haber sido despertado por el sonido de aviones y explosiones. Le dijo a Texas Public Radio que, tras encender su televisor, se enteró del ataque militar estadounidense. Mendoza describió las calles de su vecindario como desiertas y tensas en las horas posteriores al ataque, con residentes dependiendo de los medios de comunicación para obtener información.
La acción estadounidense se produce tras años de inestabilidad política y económica en Venezuela, marcada por la hiperinflación, la escasez de bienes esenciales y la emigración generalizada. El gobierno de Maduro enfrentó acusaciones de autoritarismo y abusos contra los derechos humanos por parte de organizaciones internacionales y numerosos países. Estados Unidos había impuesto previamente sanciones destinadas a presionar a Maduro para que renunciara.
La captura de Maduro plantea interrogantes sobre el vacío de poder y el potencial de un gobierno de transición. Estados Unidos aún no ha esbozado un plan claro para el futuro de Venezuela, lo que deja a muchos venezolanos desconfiados de la influencia estadounidense a largo plazo. La historia de la intervención estadounidense en América Latina ha creado una sensación de escepticismo entre algunos, que temen que se repitan intervenciones pasadas que condujeron a una mayor inestabilidad.
La comunidad internacional está observando de cerca la situación, con opiniones divergentes sobre la legitimidad y las posibles consecuencias de la acción estadounidense. Algunas naciones han expresado su apoyo, citando la necesidad de restaurar la democracia y la estabilidad en Venezuela. Otras han condenado la intervención como una violación del derecho internacional y la soberanía nacional. Los próximos días y semanas serán cruciales para determinar el camino a seguir para Venezuela y el papel de los actores externos en la configuración de su futuro.
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