La amenaza del primer ministro de Ontario, Doug Ford, de prohibir el whisky Crown Royal en las licorerías de la provincia podría afectar significativamente las ventas y la cuota de mercado canadienses de Diageo. La medida, derivada de una disputa sobre la decisión de Diageo de cerrar su planta de whisky en Ontario y trasladar las operaciones a Estados Unidos, ha suscitado preocupación por el nacionalismo económico y el posible uso del control provincial de licores como herramienta política.
La advertencia de Ford de "abastecerse" indica una seria intención de aprovechar la Junta de Control de Bebidas Alcohólicas de Ontario (LCBO), uno de los mayores compradores de alcohol del mundo, para retirar Crown Royal de sus estanterías. Si bien el impacto financiero exacto aún está por verse, Crown Royal es una marca de whisky líder en Canadá, y Ontario representa una parte sustancial de sus ventas nacionales. Una prohibición podría conducir a una notable disminución de los ingresos de Diageo procedentes del mercado canadiense.
La posible prohibición introduce incertidumbre en el mercado canadiense de licores. Los consumidores pueden cambiar a marcas de whisky de la competencia, beneficiando a empresas como Pernod Ricard (propietaria de J.P. Wiser's) o Beam Suntory (fabricante de Canadian Club). La medida también podría provocar acciones de represalia por parte de otras provincias o países, lo que podría intensificar las tensiones comerciales.
Diageo, un gigante multinacional de bebidas con una cartera que incluye Johnnie Walker, Guinness y Smirnoff, anunció el cierre de su planta de Ontario alegando eficiencia y optimización de costes. La decisión desató la indignación en Ontario, y Ford acusó a Diageo de priorizar los beneficios sobre los empleos y la inversión locales. Las ventas netas globales de la empresa para el año fiscal 2023 fueron de 15.500 millones de libras esterlinas, lo que demuestra su importante escala y alcance internacional.
De cara al futuro, la situación sigue siendo fluida. Diageo puede intentar negociar con el gobierno de Ontario para encontrar un compromiso. Sin embargo, la firme postura de Ford sugiere una voluntad de seguir adelante con la prohibición. El resultado probablemente dependerá de los cálculos políticos de ambas partes y de las posibles consecuencias económicas para el sector de la hostelería y los consumidores de Ontario. La situación pone de manifiesto la compleja interacción entre la política gubernamental, la estrategia empresarial y las preferencias de los consumidores en la industria de las bebidas alcohólicas.
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