Según Associated Press, las tiendas cerraron durante las protestas en el Gran Bazar de Teherán en un frío día de diciembre, marcando el comienzo de manifestaciones generalizadas en todo Irán. Las protestas, que comenzaron en Teherán y se extendieron a ciudades como Azna, Malekshahi, Kermanshah, Marvdasht y Fouladshahr, fueron impulsadas por presiones económicas, el aumento vertiginoso de los precios al consumidor y la disminución del valor del rial iraní.
Según Tohid Asadi, informando desde Teherán, el rial había perdido casi la mitad de su valor durante el año pasado, lo que provocó importantes pérdidas financieras para los comerciantes. Esta recesión económica, junto con la alta inflación de larga data y los salarios estancados, transformó los centros comerciales en focos de descontento público.
Estos centros comerciales han servido históricamente como barómetros de la opinión pública en Irán. El cierre de tiendas en el Gran Bazar de Teherán, un centro comercial centenario, actuó como catalizador de disturbios más amplios. Las protestas resaltan la creciente frustración entre los iraníes con respecto a las políticas económicas del país y su impacto en la vida diaria.
Las manifestaciones reflejan una tendencia más amplia de que las quejas económicas conducen a la inestabilidad social y política. Se han observado patrones similares en otros países que enfrentan dificultades económicas, donde los centros comerciales a menudo se convierten en sitios de protesta debido a su visibilidad e importancia económica.
Al 8 de enero de 2026, las protestas continuaban esporádicamente en todo Irán. El impacto a largo plazo de estas manifestaciones en el panorama económico y político de Irán está aún por verse.
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