Las ciudades iraníes se prepararon para nuevas protestas antigubernamentales durante el fin de semana, a pesar de los mayores esfuerzos de las autoridades para reprimir los disturbios. Las manifestaciones, que comenzaron a finales de diciembre en respuesta a una crisis monetaria, se han ampliado en alcance y tamaño, impulsadas por el descontento generalizado con el gobierno autoritario de Irán.
Teherán y otras importantes ciudades iraníes experimentaron una segunda noche consecutiva de disturbios el viernes, a pesar de un apagón de Internet implementado para dificultar la coordinación de los manifestantes. Testigos informaron que los manifestantes coreaban consignas contra la República Islámica, encendían hogueras y, en algunos casos, incendiaban edificios. Videos verificados por The New York Times y BBC Persian Television corroboraron estos relatos.
Las autoridades iraníes han amenazado con severas repercusiones para los manifestantes. Las fuerzas armadas del país emitieron un comunicado el sábado, prometiendo proteger la infraestructura estratégica y la propiedad pública. Grupos de derechos humanos estiman que decenas de manifestantes han muerto desde que comenzaron las protestas a finales de diciembre.
El líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, declaró el viernes que el gobierno no cedería ante los manifestantes, a quienes calificó de vándalos.
Las protestas ponen de relieve la profunda frustración que existe en Irán por las condiciones económicas, las restricciones políticas y las quejas sociales. El detonante inicial fue la disminución del valor de la moneda iraní, que ha erosionado el poder adquisitivo y ha alimentado las dificultades económicas de muchos iraníes. Sin embargo, las protestas han evolucionado hasta abarcar demandas más amplias de reforma política y mayores libertades.
La respuesta del gobierno a las protestas refleja su determinación de mantener el control y reprimir la disidencia. El apagón de Internet, el despliegue de fuerzas de seguridad y las amenazas de duros castigos son tácticas destinadas a sofocar los disturbios. Sin embargo, estas medidas corren el riesgo de inflamar aún más la ira pública y potencialmente intensificar el conflicto.
La situación sigue siendo fluida y la trayectoria de las protestas es incierta. La capacidad del gobierno para contener los disturbios dependerá de su voluntad de abordar las quejas subyacentes que impulsan las protestas. Por el contrario, la capacidad de los manifestantes para mantener su impulso dependerá de su capacidad para superar la represión gubernamental y mantener el apoyo público. Los próximos días serán críticos para determinar el resultado de esta última ola de protestas en Irán.
Discussion
Join the conversation
Be the first to comment