Irán advirtió que tomaría represalias contra cualquier posible ataque de Estados Unidos, mientras las protestas continuaban en todo el país el sábado por la noche a pesar de la represión gubernamental. Las manifestaciones, inicialmente desencadenadas por el aumento de la inflación en Teherán, se han extendido a más de 100 ciudades y pueblos de todo Irán, y los manifestantes ahora exigen el fin del gobierno clerical del líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei.
Videos verificados por la BBC e informes de testigos presenciales indicaron una intensificación de la respuesta del gobierno a las protestas. Profesionales médicos de dos hospitales informaron a la BBC que se habían recibido más de 100 cadáveres en un período de dos días, lo que generó preocupación de que el número real de muertos en todo el país podría ser significativamente mayor.
Estados Unidos ha amenazado con posibles acciones contra Irán en respuesta a los asesinatos de manifestantes. En respuesta, el presidente del parlamento iraní advirtió que si Estados Unidos atacara, Israel, junto con las instalaciones militares y los centros de envío estadounidenses en la región, serían considerados objetivos legítimos. El fiscal general de Irán ha declarado que cualquier persona que participe en las protestas será considerada un delincuente.
Las protestas reflejan un descontento más profundo dentro de la sociedad iraní, alimentado por las dificultades económicas y las restricciones a las libertades personales. La economía de Irán ha estado luchando bajo el peso de las sanciones internacionales, particularmente las impuestas por Estados Unidos tras su retirada del acuerdo nuclear de 2015. Este acuerdo, formalmente conocido como el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), ofreció a Irán el alivio de las sanciones a cambio de limitaciones en su programa nuclear. La retirada de Estados Unidos y la posterior reinstauración de las sanciones han paralizado las exportaciones de petróleo de Irán y el acceso a los mercados financieros internacionales, lo que ha contribuido a una inflación y un desempleo vertiginosos.
Los disturbios actuales se hacen eco de períodos anteriores de protesta en Irán, incluidas las protestas del Movimiento Verde de 2009, que siguieron a las controvertidas elecciones presidenciales. Estos movimientos reflejan una tensión de larga data entre los elementos conservadores dentro del establishment gobernante y los segmentos de la población que buscan mayores libertades políticas y sociales.
La comunidad internacional está siguiendo de cerca la situación en Irán. Muchos países han condenado la represión del gobierno contra los manifestantes, mientras que otros han pedido moderación y diálogo. Las Naciones Unidas han instado a Irán a respetar los derechos a la libertad de expresión y reunión. La Unión Europea está considerando nuevas sanciones contra los funcionarios iraníes involucrados en la supresión de las protestas. La situación sigue siendo fluida, con el potencial de una mayor escalada e implicación internacional.
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