El presidente Masoud Pezeshkian prometió reformar la economía de Irán y declaró que su gobierno estaba preparado para escuchar al pueblo iraní tras dos semanas de manifestaciones a nivel nacional. En declaraciones a la televisión estatal el domingo, Pezeshkian adoptó un tono conciliador, afirmando el compromiso de su administración para resolver los desafíos económicos del país. También acusó a Estados Unidos e Israel de instigar los disturbios.
Pezeshkian declaró que la responsabilidad del gobierno es abordar las preocupaciones del pueblo y resolver los problemas existentes, al tiempo que impide que lo que denominó "alborotadores" perturben la nación. Las protestas, que se han vuelto cada vez más violentas, provienen del descontento generalizado por la situación económica del país, incluyendo el aumento de la inflación y el desempleo.
La economía iraní ha estado luchando durante años, exacerbada por las sanciones internacionales impuestas debido a su programa nuclear. Estas sanciones han limitado la capacidad de Irán para exportar petróleo, una fuente crucial de ingresos, y han restringido el acceso a los mercados financieros internacionales.
El gobierno ha enfrentado críticas por su manejo de la crisis económica, con muchos iraníes expresando frustración por la falta de oportunidades y el aumento del costo de vida. Las recientes protestas reflejan una profundización de la penuria económica y una demanda de reforma gubernamental. Si bien Pezeshkian reconoció la validez de algunos reclamos, también condenó los actos de violencia y vandalismo durante las manifestaciones. Mantuvo que entidades extranjeras estaban explotando la situación para desestabilizar el país. El gobierno ha enfrentado la condena de organizaciones internacionales de derechos humanos por su respuesta a las protestas, incluyendo informes de fuerza excesiva y apagones de internet.
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