Teherán advirtió a Estados Unidos e Israel contra cualquier intervención en las protestas nacionales en curso, que han entrado en su tercera semana, mientras el gobierno iraní intenta sofocar los disturbios. Las manifestaciones, que comenzaron el 28 de diciembre, han experimentado un aumento de víctimas mortales, según organizaciones de derechos humanos.
El sábado marcó la tercera noche de intensificación de las manifestaciones en todo Irán, impulsadas por los llamamientos de Reza Pahlavi, el hijo exiliado del antiguo sha de Irán, para que los ciudadanos ocupen los centros de las ciudades e inicien huelgas. El llamamiento de Pahlavi refleja el contexto histórico de la Revolución iraní de 1979, que derrocó a su padre y estableció la actual República Islámica.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha advertido repetidamente al régimen iraní contra el uso de la fuerza contra los manifestantes. Recientemente recibió un informe sobre posibles opciones militares, lo que indica un enfoque continuo de Estados Unidos en los asuntos internos de Irán y su influencia regional más amplia.
El grupo Iran Human Rights, con sede en Oslo, informó el domingo de que había confirmado la muerte de al menos 192 manifestantes, entre ellos nueve menores. Por otra parte, la agencia de noticias Human Rights Activists News Agency, con sede en Estados Unidos, declaró que el número de muertos relacionados con los disturbios había alcanzado los 116, y que la mayoría de las víctimas mortales se debían a munición real o disparos de perdigones. Estos informes ponen de manifiesto la gravedad de la respuesta del gobierno a las protestas, lo que ha suscitado la condena de las organizaciones internacionales de derechos humanos.
En un aparente esfuerzo por reducir las tensiones, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, ofreció sus condolencias a las familias afectadas por los disturbios en una entrevista en la televisión estatal el domingo. "Sus protestas deben ser escuchadas, y debemos abordar sus preocupaciones", dijo Pezeshkian. "Sentémonos". Este tono conciliador sugiere un cambio en el enfoque del gobierno, potencialmente destinado a abrir un diálogo con los manifestantes.
Las protestas tienen sus raíces en una compleja interacción de agravios económicos, descontento social y aspiraciones políticas. La economía de Irán se ha visto afectada por las sanciones internacionales, en particular las impuestas por Estados Unidos por su programa nuclear. Estas sanciones han contribuido al aumento de la inflación, el desempleo y el descenso del nivel de vida, lo que ha alimentado la frustración pública.
Las manifestaciones también reflejan una lucha más amplia por las libertades políticas y sociales dentro de Irán. Muchos iraníes, en particular las generaciones más jóvenes, piden una mayor transparencia, rendición de cuentas y el fin de las restricciones a la expresión personal. La respuesta del gobierno a las protestas probablemente moldeará la trayectoria nacional e internacional de Irán en los próximos meses. La comunidad internacional sigue vigilando de cerca la situación, y muchos países instan a la moderación y al respeto de los derechos humanos.
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