Una severa represión del gobierno iraní contra los manifestantes ha resultado en un aumento significativo del número de muertos, con organizaciones de derechos humanos que informan de cientos de víctimas. El gobierno no muestra signos de suavizar su respuesta a las manifestaciones, que comenzaron hace dos semanas por quejas económicas.
A pesar de un cierre de internet casi total y severas restricciones en las comunicaciones telefónicas que afectan a los 80 millones de residentes de Irán, han comenzado a surgir informes, incluidos videos verificados de muertes de manifestantes e imágenes de cuerpos en bolsas fuera de los hospitales. Estos informes pintan un panorama de una crisis que empeora.
Los expertos sugieren que este malestar plantea uno de los desafíos más serios para las autoridades iraníes desde la Revolución Islámica hace casi 50 años. Las protestas inicialmente se centraron en cuestiones económicas, pero la respuesta del gobierno ha ampliado el alcance del conflicto.
El presidente Masoud Pezeshkian, después de expresar inicialmente cierta simpatía por las preocupaciones de los manifestantes, adoptó una posición más enérgica en una entrevista reciente en la televisión estatal iraní. Afirmó que, si bien estaba trabajando para abordar las quejas económicas de los manifestantes, no permitiría que los alborotadores desestabilizaran el país.
El domingo por la noche, el presidente Trump advirtió que Estados Unidos intervendría si el gobierno iraní mataba a manifestantes pacíficos. La comunidad internacional está monitoreando de cerca la situación, con muchos países expresando preocupación por la respuesta del gobierno y pidiendo moderación. La situación sigue siendo fluida y las consecuencias a largo plazo de las protestas y la reacción del gobierno aún son inciertas.
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