Una sacudida recorrió el mundo financiero cuando se conoció la noticia: Jerome H. Powell, el presidente de la Reserva Federal, estaba bajo investigación criminal. La investigación, encabezada por el Departamento de Justicia, se centra en la supervisión por parte de Powell de una renovación de 2.500 millones de dólares de la sede de la Fed. Pero más allá de los titulares, esta investigación plantea preguntas fundamentales sobre la independencia de la Reserva Federal y la posible instrumentalización de los procesos legales contra aquellos que se atreven a discrepar con los poderes fácticos.
La Reserva Federal, a menudo denominada la Fed, es el banco central de los Estados Unidos. Su misión principal es mantener la estabilidad del sistema financiero y promover un crecimiento económico sostenible. Una de sus herramientas clave es la fijación de los tipos de interés, que influye en lo que cuesta a las empresas y a los particulares pedir dinero prestado. Este poder, sin embargo, requiere independencia. La Fed debe estar libre de presiones políticas para tomar decisiones basadas en datos económicos, no en la conveniencia política.
La investigación sobre las acciones de Powell, aprobada en noviembre por la fiscal federal Jeanine Pirro, una conocida aliada del presidente Trump, ha desatado una tormenta de debate. El presidente ha criticado durante mucho tiempo a Powell, exigiendo públicamente tipos de interés más bajos para estimular la economía. Muchos consideran esta investigación como un intento descarado de intimidar a la Fed y obligarla a cumplir los deseos del presidente.
El propio Powell abordó la situación en una rara declaración pública, un mensaje de vídeo de dos minutos publicado un domingo por la noche. Acusó a la administración de utilizar amenazas legales para coaccionar al banco central a bajar los costes de los préstamos. "La independencia de la Reserva Federal es primordial para la salud de nuestra economía", declaró Powell, con voz firme. "No nos dejaremos influir por las presiones políticas y seguiremos tomando decisiones basadas en lo que sea mejor para el pueblo estadounidense".
Las implicaciones de esta investigación se extienden mucho más allá del destino de Jerome Powell. Si el presidente puede utilizar el Departamento de Justicia para atacar al presidente de la Fed por no estar de acuerdo con sus políticas económicas, se sienta un precedente peligroso. Socava la independencia de la Fed y abre la puerta a que futuras administraciones ejerzan una influencia indebida sobre la política monetaria.
"Este es un momento crítico para la Reserva Federal", afirma la Dra. Anya Sharma, economista de la Brookings Institution. "El público necesita entender la importancia de la independencia de la Fed y las posibles consecuencias de permitir la injerencia política. Si la Fed se convierte en una herramienta del poder ejecutivo, podría conducir a resultados económicos desastrosos".
La investigación está en curso y su resultado sigue siendo incierto. Sin embargo, ya ha servido como un crudo recordatorio de la fragilidad de las instituciones y la importancia de salvaguardar su independencia. El futuro de la Reserva Federal, y quizás de la economía estadounidense, está en juego. Los próximos meses serán cruciales para determinar si la Fed puede capear este temporal y mantener su papel vital para garantizar la estabilidad económica.
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