Las luces de la sala se atenúan, se hace el silencio y cuatro figuras se materializan ante ti. Una te mira a los ojos y te dice: "Que no cunda el pánico". Es Ian McKellen, pero no como lo conoces. Esto no es teatro al uso; es un portal a la realidad mixta, y McKellen es tu guía.
"An Ark", que se estrena en el Shed el 21 de enero, no es solo una obra de teatro; es un salto tecnológico. Escrita por Simon Stephens, es pionera en la realidad mixta en la interpretación, difuminando las líneas entre los mundos físico y digital. Los miembros del público, equipados con gafas especiales, se encuentran en un espacio compartido donde actores de carne y hueso interactúan a la perfección con sus homólogos digitales. McKellen, junto con Golda Rosheuvel, Arinze Kene y Rosie Sheehy, parece hablar directamente a cada miembro del público, creando una sensación de intimidad y conexión sin precedentes.
La realidad mixta, a menudo confundida con la realidad virtual (RV) y la realidad aumentada (RA), ocupa un espacio único en el espectro de las tecnologías inmersivas. La RV sumerge a los usuarios en entornos totalmente digitales, mientras que la RA superpone información digital al mundo real. La realidad mixta, sin embargo, va más allá. Permite que los objetos digitales interactúen con el mundo físico en tiempo real. En "An Ark", esto significa que los avatares digitales de los actores pueden responder a los movimientos del público, creando una experiencia dinámica y personalizada.
La tecnología que hay detrás de "An Ark" es un complejo entramado de sensores, cámaras y potentes unidades de procesamiento. Las gafas especiales rastrean la posición y la orientación del público, mientras que los actores llevan trajes de captura de movimiento que traducen sus movimientos al reino digital. Estos datos se procesan en tiempo real para crear la ilusión de que los actores digitales están físicamente presentes en el espacio.
Todd Eckert, el productor del espectáculo, destaca el potencial transformador de esta tecnología. "Sentir esa conexión entre tú como miembro del público y los actores nunca antes había sido posible a gran escala", explica. Esta sensación de conexión es fundamental en "An Ark", que explora experiencias humanas universales a través de narrativas personales. La obra evoca recuerdos y estados emocionales, invitando al público a reflexionar sobre sus propias vidas y relaciones.
Las implicaciones de la realidad mixta van mucho más allá del teatro. Industrias desde la educación hasta la sanidad están explorando su potencial. Imaginen a cirujanos practicando procedimientos complejos en pacientes holográficos o a estudiantes explorando civilizaciones antiguas en sus aulas. La tecnología también podría revolucionar la colaboración a distancia, permitiendo a los equipos trabajar juntos en espacios virtuales compartidos, independientemente de su ubicación física.
Sin embargo, siguen existiendo retos. El coste de la tecnología sigue siendo una barrera para su adopción generalizada. Las gafas utilizadas en "An Ark", por ejemplo, aún no son de calidad para el consumidor y requieren una potencia informática significativa. También existen preocupaciones sobre la privacidad y el potencial de uso indebido. A medida que la realidad mixta se haga más frecuente, será crucial abordar estas consideraciones éticas.
A pesar de estos retos, "An Ark" ofrece una visión de un futuro en el que la tecnología mejora nuestras experiencias humanas. Es un futuro en el que los límites entre lo real y lo digital se difuminan, creando nuevas posibilidades de conexión, creatividad y comprensión. Mientras el avatar digital de Ian McKellen te mira a los ojos, no puedes evitar preguntarte qué otros mundos te esperan.
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