El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, acusó a agencias de inteligencia extranjeras, específicamente las de Israel y Estados Unidos, de instigar las protestas en curso contra las dificultades económicas y las políticas internas del país. En declaraciones a la emisora estatal IRIB el lunes, Pezeshkian afirmó que estos actores externos eran las mismas entidades responsables de las acciones contra Irán durante la guerra de 12 días de Israel en junio. Afirmó que su objetivo actual era intensificar los disturbios existentes relacionados con las dificultades económicas de la nación.
Las protestas, que han estado en curso, estallaron inicialmente en respuesta a la fuerte caída en el valor de la moneda iraní y las quejas económicas más amplias. Los manifestantes han salido a las calles en Teherán y otras ciudades, expresando su frustración con el manejo de la economía por parte del gobierno y la percibida supresión de la disidencia.
Las acusaciones de Pezeshkian marcan un cambio en la narrativa pública del gobierno iraní, alejándose de abordar únicamente los problemas internos y avanzando hacia la culpabilización de fuerzas externas. Esta estrategia no es nueva; los líderes iraníes a menudo han atribuido la disidencia interna a la interferencia extranjera, particularmente de Estados Unidos e Israel, países con los que Irán tiene una larga historia de tensión geopolítica.
Estados Unidos e Israel aún no han respondido oficialmente a las acusaciones de Pezeshkian. Sin embargo, ambos países han negado previamente su participación en el fomento de disturbios en Irán, al tiempo que expresan su apoyo al derecho del pueblo iraní a la protesta pacífica.
La relación de Irán con Estados Unidos ha sido tensa durante décadas, particularmente desde la Revolución Islámica de 1979. Las sanciones estadounidenses, reimplementadas después de la retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear de 2015, han impactado significativamente la economía de Irán, contribuyendo a las dificultades económicas actuales. Las tensiones con Israel tienen sus raíces en diferencias ideológicas y luchas de poder regionales, y ambos países se ven mutuamente como adversarios estratégicos.
Las protestas actuales se desarrollan en un contexto de creciente presión económica y descontento social dentro de Irán. La respuesta del gobierno a las protestas, que ha incluido arrestos y restricciones al acceso a Internet, ha suscitado críticas de organizaciones internacionales de derechos humanos. La situación sigue siendo fluida, con el potencial de una mayor escalada dependiendo de la respuesta del gobierno y la continua participación de los manifestantes. Las acusaciones de injerencia extranjera añaden otra capa de complejidad a la ya volátil situación.
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