Crédito...Ilustración de MoonassiCon el apoyo deOMITIR ANUNCIOCompartir el artículo completo99Por Maggie JonesMaggie Jones entrevistó a más de dos docenas de personas diagnosticadas con trastorno de identidad disociativo, junto con casi 20 expertos.30 de enero de 2026Desde que era niña, Milissa Kaufman sintió como si tuviera una pandilla de niños en su mente, cada uno con sus propios pensamientos y opiniones. Una era una niña curiosa que quería aprender. Otra era tranquila, sabia y lo suficientemente segura como para hablar en clase. Aunque era solo unos años mayor que el resto, Kaufman pensaba en ella como la señora amable. Luego estaba el niño enojado que era duro y no tenía miedo. Y en el fondo de su mente existía una niña muy pequeña. Sola detrás de una puerta y en una caja, lloraba y gritaba. La niña curiosa, la señora amable y el niño enojado la evitaban, asustados por el dolor y los secretos que guardaba.Escuche este artículo, leído por Gabra ZackmanHasta que Kaufman tuvo unos 10 años, estas personas internas parecían sus amigas. Pero en la escuela secundaria, el niño enojado, que quería jugar, no estudiar, discutía con los demás; no le gustaban, declarando que algunos eran sucios y débiles. En la mente de Kaufman, los veía como figuras de palo, pero a veces se sentían más tridimensionales, lo que la asustaba. También comenzó a darse cuenta de que ninguno de sus amigos tenía gente en la cabeza. Durante la adolescencia, el niño se enojó, se hizo más ruidoso y más poderoso. Decidió que haría desaparecer a la gente interior para su cumpleaños número 14.
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