Bad Bunny hizo historia en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl con una actuación íntegramente en español, mientras que un controvertido video generado por IA que representaba a un funcionario indio disparando a musulmanes provocó indignación, y los supervivientes de los abusos de Jeffrey Epstein exigieron justicia a través de un anuncio del Super Bowl. Estos eventos, junto con la noticia de que el mayor fabricante de lápices del mundo acusó a Costa Rica de hacer un mal uso de una fábrica donada, dominaron los titulares el domingo 9 de febrero de 2026.
La actuación de Bad Bunny, una "carta de amor a su Puerto Rico natal", contó con apariciones especiales de Lady Gaga y Ricky Martin, junto con cameos de celebridades como Pedro Pascal y Cardi B, según la BBC World. El espectáculo culminó con un mensaje de orgullo y unidad. Sin embargo, la actuación suscitó críticas del expresidente estadounidense Donald Trump, quien la calificó de "terrible", según la BBC World.
Simultáneamente, los supervivientes de los abusos de Jeffrey Epstein renovaron sus llamamientos para la publicación de los registros gubernamentales relacionados con la red de tráfico sexual del financiero en desgracia, colocando un anuncio durante el Super Bowl, según informó Al Jazeera. El anuncio, publicado por el grupo World Without Exploitation, exigía la divulgación de todos los archivos restantes relacionados con Epstein.
Sumándose a las controversias del día, un video generado por IA compartido por el gobernante Partido Bharatiya Janata (BJP) de la India en el estado de Assam, que representaba al ministro principal Himanta Biswa Sarma disparando a una imagen de hombres musulmanes, encendió una condena generalizada. El clip de 17 segundos, titulado "disparo a quemarropa", fue rápidamente retirado de las redes sociales tras la indignación pública y las críticas de los políticos de la oposición, según Al Jazeera. Assam alberga a más de 12 millones de musulmanes.
En otras noticias, Faber-Castell, el mayor fabricante de lápices del mundo, acusó al gobierno de Costa Rica de hacer un mal uso de una antigua fábrica que había donado con fines humanitarios, según The Guardian. El fabricante alemán declaró que desconocía que sus instalaciones se utilizaran para detener a los solicitantes de asilo deportados por la administración Trump.
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