La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, contradijo el martes al expresidente Donald Trump, afirmando que Trump había planteado la idea de renombrar la estación Penn de Nueva York y el aeropuerto Dulles de Washington, D.C., con su propio nombre. Esta declaración contradecía directamente la afirmación anterior de Trump de que el líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer, había propuesto el cambio de nombre de Penn Station.
Según Time, Leavitt dijo: "Sobre el cambio de nombre, ¿por qué no? Es algo que el Presidente planteó en su conversación con Chuck Schumer". Esto contrasta con el relato de Trump de cuatro días antes, donde afirmó que Schumer sugirió el cambio de nombre de Penn Station como parte de un acuerdo para descongelar los fondos federales para el proyecto del túnel ferroviario Gateway. El proyecto tiene como objetivo agregar otro túnel para pasajeros entre Nueva Jersey y Manhattan.
El clima político actual se ve aún más tenso por otros acontecimientos. La reunión anual de gobernadores se ha visto interrumpida debido a las tensiones políticas, con gobernadores demócratas boicoteando los eventos de la Casa Blanca, según informó un artículo de múltiples fuentes en Time. Esta percibida falta de inclusión ha alimentado el boicot.
Mientras tanto, el exjefe de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, discutió el estado de las relaciones entre Estados Unidos y Europa en "All Things Considered" de NPR. Rasmussen expresó su consternación por las recientes protestas antiestadounidenses en Dinamarca, destacando la alianza histórica y los valores compartidos entre Estados Unidos y Dinamarca. También abordó las preocupaciones sobre las acciones y la retórica del presidente Trump.
En otras noticias, una silenciosa guerra fría está en marcha en las comunidades cristianas de Estados Unidos, según Vox. El artículo sugiere que la derecha religiosa está utilizando las escrituras y la fe para justificar ciertas acciones. Además, un artículo separado de Vox señala que los archivos de Epstein podrían derribar a un gobierno, aunque no al gobierno de Estados Unidos, ya que el primer ministro británico, Keir Starmer, está, según se informa, bajo presión.
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