La excavación, llevada a cabo en 2017 y 2018, desenterró 170 fragmentos de huesos humanos, que se cree que pertenecen a una mujer adulta de menos de 1,5 metros de altura, agrupados dentro de capas de ceniza, carbón y sedimento. El descubrimiento proporciona una rara visión de las prácticas funerarias y la complejidad social de estas primeras comunidades.
El equipo de investigación, que trabaja en el sitio, sugiere que la cremación indica un acto deliberado y simbólico, que refleja las creencias de los cazadores-recolectores sobre la muerte y el más allá. La presencia de un individuo adulto enfatiza aún más la importancia del ritual dentro de su estructura social.
El hallazgo desafía las suposiciones anteriores sobre el desarrollo de comportamientos sociales complejos y prácticas funerarias, lo que sugiere que surgieron antes de lo que se pensaba entre las sociedades africanas de cazadores-recolectores. Este descubrimiento se suma al creciente cuerpo de evidencia que demuestra la sofisticación y la riqueza cultural de las antiguas poblaciones africanas.
Se planea un análisis adicional de los fragmentos de hueso y los materiales circundantes para obtener más información sobre el individuo, el proceso de cremación y el entorno en el que tuvo lugar. El equipo de investigación espera descubrir detalles adicionales sobre las creencias y prácticas de estos antiguos cazadores-recolectores y su lugar en la historia humana.
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