Un estudio reciente de Virginia Tech, en colaboración con otras organizaciones de investigación, ha desmentido la creencia arraigada de que el cuerpo compensa el aumento de la actividad física reduciendo el gasto energético en otras áreas. La investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences, descubrió que el aumento de la actividad física se traduce directamente en una mayor quema diaria de calorías sin desencadenar una desaceleración metabólica significativa en otras funciones corporales.
El estudio, realizado a lo largo de 2025, desafía el modelo de "gasto energético restringido", que sugiere que el cuerpo tiene un presupuesto energético fijo y conserva energía cuando aumenta la actividad física. Los investigadores descubrieron que las funciones corporales básicas continúan operando a plena capacidad incluso cuando el movimiento aumenta, lo que efectivamente se suma al rendimiento energético general. Este hallazgo tiene implicaciones significativas para comprender los verdaderos beneficios del ejercicio y la actividad física.
"Lo que observamos es que la actividad física realmente se suma a su gasto energético, en lugar de ser compensada metabólicamente", afirmó un investigador principal de Virginia Tech. "Esto significa que cuanto más se mueva, más calorías quemará, sin que su cuerpo reduzca significativamente el uso de energía en otros lugares".
Las implicaciones de esta investigación se extienden a la industria del fitness y el bienestar, lo que podría influir en el diseño de programas de ejercicio y el desarrollo de rastreadores de actividad física portátiles. Empresas como Fitbit y Apple, que producen dispositivos que estiman la quema de calorías, pueden refinar sus algoritmos para reflejar con mayor precisión el impacto de la actividad física en el gasto energético general. Cuantificar con precisión el gasto energético es crucial para las personas que desean controlar su peso o mejorar su salud en general.
El equipo de investigación empleó técnicas avanzadas de pruebas metabólicas para monitorear el gasto energético en participantes con diferentes niveles de actividad. Midieron no solo las calorías quemadas durante el ejercicio, sino también la energía utilizada para la tasa metabólica en reposo, la digestión y otras funciones corporales esenciales. Los resultados mostraron consistentemente que el aumento de la actividad física conducía a un aumento proporcional en el gasto energético diario total.
Si bien el estudio proporciona evidencia convincente contra el modelo de gasto energético restringido, los investigadores reconocen que las respuestas individuales al ejercicio pueden variar. Factores como la genética, la edad y las condiciones de salud preexistentes pueden influir en la forma en que el cuerpo se adapta al aumento de la actividad física. Se planea realizar más investigaciones para investigar estas variaciones individuales y explorar los efectos a largo plazo de la actividad física sostenida en el metabolismo energético. El equipo espera realizar estudios más amplios y diversos en los próximos años para solidificar sus hallazgos y proporcionar recomendaciones más personalizadas para la actividad física.
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