En Bogotá, Colombia, una iniciativa gubernamental conocida como "manzana del cuidado" está abordando el problema, a menudo ignorado, del trabajo de cuidados no remunerado realizado predominantemente por mujeres. Ubicada en el centro histórico de la ciudad, la manzana del cuidado ofrece servicios como cuidado infantil y programas educativos, con el objetivo de redistribuir las responsabilidades de cuidado y empoderar a las mujeres.
El programa, situado en el cuarto piso de un edificio gubernamental cerca de una estatua de Simón Bolívar, ofrece una variedad de actividades. Estas incluyen educación infantil temprana, actividades recreativas para niños y oportunidades educativas para mujeres, según Rachel Cohen Booth, corresponsal sénior de políticas de Vox que informó sobre la iniciativa. El objetivo es aliviar la carga del trabajo de cuidados no remunerado, que a menudo recae desproporcionadamente en las mujeres, obstaculizando su acceso a la educación, el empleo y otras oportunidades.
El concepto de reconocer y abordar el trabajo de cuidados no remunerado está ganando terreno a nivel mundial a medida que las sociedades lidian con problemas de igualdad de género y desarrollo económico. Al proporcionar servicios de cuidado accesibles y asequibles, las ciudades pueden potencialmente desbloquear el potencial económico de las mujeres y mejorar el bienestar social general. El experimento de Bogotá sirve como modelo para otras ciudades que buscan implementar programas similares.
La "manzana del cuidado" es parte de un movimiento más amplio para reconocer el valor económico del trabajo de cuidados no remunerado e integrarlo en las decisiones políticas. Esto incluye esfuerzos para medir y cuantificar la contribución del cuidado no remunerado a las economías nacionales, así como la promoción de políticas que apoyen a los cuidadores, como la licencia parental remunerada y el cuidado infantil asequible.
A partir de enero de 2026, la iniciativa de Bogotá estaba siendo estudiada y considerada por otras ciudades de todo el mundo como una solución potencial para abordar la desigualdad de género y promover el desarrollo económico. El éxito del programa probablemente dependerá de factores como la financiación gubernamental sostenida, la participación de la comunidad y la evaluación continua de su impacto en la vida de las mujeres.
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