El legado de Rocketdyne, que alguna vez fue un titán en la industria de cohetes de Estados Unidos, ha dado un giro a medida que un acuerdo de capital privado subraya el cambiante panorama de la exploración espacial. Para aquellos familiarizados con la historia espacial antes del auge de las empresas respaldadas por multimillonarios, Rocketdyne era sinónimo de poder espacial estadounidense, fabricando casi todos los grandes motores de cohetes de combustible líquido del país durante medio siglo.
Los motores de Rocketdyne impulsaron el cohete Saturno V, que llevó a los astronautas a la Luna, así como el transbordador espacial, los cohetes Atlas, Thor y Delta, y los primeros misiles balísticos del ejército estadounidense. Sin embargo, el dominio de la compañía comenzó a declinar después de la Guerra Fría, lo que marcó un declive significativo para una compañía que había estado a la vanguardia de la tecnología espacial.
Fundada en 1955 como una división de North American Aviation, Rocketdyne más tarde se convirtió en parte de Rockwell International antes de ser adquirida por Boeing en 1996. Desde la década de 1950 hasta la de 1980, Rocketdyne diseñó y probó constantemente nuevos motores de cohetes grandes. Sin embargo, desde entonces, la compañía solo ha desarrollado un diseño de motor grande desde cero: el RS-68, que se retiró del servicio en 2024.
El auge de la industria espacial comercial ha acelerado aún más el declive de Rocketdyne, lo que indica un cambio importante en la industria espacial. Esta transición refleja una tendencia más amplia en la que las empresas privadas, respaldadas por un importante capital de riesgo, están tomando cada vez más la iniciativa en la exploración espacial y el desarrollo tecnológico.
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