El presidente de EE. UU., Donald Trump, y su administración están participando activamente en conversaciones sobre una posible oferta para comprar Groenlandia, según la Casa Blanca. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó el miércoles a los periodistas que el asunto es "algo que está siendo discutido activamente por el presidente y su equipo de seguridad nacional".
La confirmación se produce tras las reiteradas afirmaciones tanto de Groenlandia como de Dinamarca de que la isla no está a la venta. Leavitt, cuando se le preguntó sobre declaraciones anteriores de la administración Trump que no descartaban el uso de la fuerza militar para adquirir Groenlandia, declaró que "todas las opciones siempre están sobre la mesa", pero enfatizó que la "primera opción de Trump siempre ha sido la diplomacia".
El renovado interés en la importancia estratégica de Groenlandia se produce después de la acción militar unilateral de Trump contra Venezuela el sábado para apoderarse de su presidente, Nicolás Maduro. Dinamarca, un aliado de la OTAN, ha declarado que un ataque a su territorio pondría fin efectivamente a la alianza militar. La administración Trump sostiene que Groenlandia es vital para la seguridad de EE. UU.
Groenlandia, aunque escasamente poblada, tiene un valor geopolítico significativo debido a su ubicación entre América del Norte y Europa. Sus recursos naturales y su potencial para bases militares han sido de interés para Estados Unidos durante mucho tiempo. EE. UU. estableció la Base Aérea de Thule en Groenlandia durante la Segunda Guerra Mundial, una base que permanece operativa y es crucial para la alerta temprana de misiles y la vigilancia espacial.
El concepto de comprar Groenlandia no es nuevo. EE. UU. ya exploró la posibilidad en 1867 bajo el presidente Andrew Johnson y nuevamente en 1946 bajo el presidente Harry Truman. Ambos intentos no tuvieron éxito.
Las discusiones actuales plantean interrogantes sobre el futuro de Groenlandia y su relación con Dinamarca. Cualquier posible adquisición requeriría el consentimiento tanto del gobierno danés como del pueblo groenlandés, que tiene una autonomía cada vez mayor. Las implicaciones de tal transacción se extenderían más allá de la geopolítica, impactando potencialmente el medio ambiente, las poblaciones indígenas y las relaciones internacionales. La situación sigue siendo fluida y se esperan nuevos acontecimientos a medida que continúen las conversaciones dentro de la administración Trump.
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