Civiles huían en gran número de los barrios del norte de Alepo a medida que se intensificaban los combates entre las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), lideradas por los kurdos, y el ejército sirio tras el colapso de las conversaciones de integración. Las estimaciones del número de evacuados variaban, y algunas fuentes situaban la cifra en más de 100.000, según un informe publicado el 8 de enero de 2026.
La escalada del conflicto se debió a desacuerdos sobre la integración de las fuerzas de las FDS en el Ejército Árabe Sirio, un proceso destinado a estabilizar la región y consolidar el control del gobierno. La ruptura de las negociaciones se centró en cuestiones de autonomía para las regiones kurdas y la estructura de mando de las fuerzas integradas. Las FDS buscaban garantías de autogobierno y un grado de mando independiente, mientras que el gobierno sirio insistía en la plena integración bajo la autoridad central.
El desplazamiento masivo está creando una crisis humanitaria, con organizaciones de ayuda que luchan por proporcionar refugio, alimentos y asistencia médica a los evacuados. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) informó de que estaba trabajando con socios locales para establecer campamentos temporales y proporcionar ayuda de emergencia. "La magnitud del desplazamiento es abrumadora, y estamos haciendo todo lo posible para ayudar a quienes se han visto obligados a huir de sus hogares", dijo la portavoz del ACNUR, Aisha Hassan, en un comunicado publicado.
Los combates también están interrumpiendo la infraestructura esencial, incluidos los suministros de agua y electricidad, lo que agrava aún más la situación humanitaria. El gobierno sirio culpó a las FDS de iniciar las renovadas hostilidades, acusándolas de violar los acuerdos de alto el fuego. Las FDS, a su vez, acusaron al ejército sirio de lanzar ataques no provocados contra posiciones controladas por las FDS.
El conflicto en el norte de Alepo tiene importantes implicaciones para la guerra civil siria en general y el equilibrio de poder regional. Las FDS, respaldadas por Estados Unidos, han sido un actor clave en la lucha contra el ISIS, mientras que el gobierno sirio, apoyado por Rusia e Irán, busca reafirmar el control sobre toda Siria. La reanudación de los combates amenaza con socavar los esfuerzos por lograr un acuerdo de paz duradero y podría conducir a una mayor inestabilidad en la región.
Los analistas sugieren que la ruptura de las conversaciones de integración también estuvo influenciada por actores externos, y algunos acusan a Turquía de alentar al gobierno sirio a adoptar una línea más dura contra las FDS. Turquía considera a las FDS como una extensión del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), un grupo militante kurdo que ha estado luchando contra el Estado turco durante décadas.
Al 8 de enero de 2026, los combates continuaban en varios barrios del norte de Alepo, y no había perspectivas inmediatas de un alto el fuego. Los esfuerzos internacionales para mediar en una resolución del conflicto continuaban, pero las perspectivas de éxito seguían siendo inciertas. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tenía previsto celebrar una reunión de emergencia para debatir la situación en Alepo y considerar nuevas medidas para hacer frente a la crisis humanitaria.
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