Una cortina de hierro digital cayó sobre Irán el jueves, silenciando a la nación a medida que se intensificaban las protestas que pedían un cambio de régimen. Testigos informaron de un apagón de internet casi total, una escalada drástica en la respuesta del gobierno al creciente malestar. Pero, ¿qué significa que un gobierno pueda simplemente cortar el acceso al mundo, y qué papel juega la tecnología tanto para permitir como para reprimir la disidencia?
El corte de internet se produce tras las advertencias de las autoridades iraníes que prometen una dura represión contra los manifestantes. Durante días, focos de protesta habían estado surgiendo, alimentados por agravios económicos y un anhelo de mayores libertades. Pero el jueves, esos focos parecieron hincharse hasta convertirse en una marea. A pesar de las amenazas, los testigos describieron grandes multitudes reunidas en Teherán y otras ciudades importantes como Mashhad, Bushehr, Shiraz e Isfahan. Los cánticos, según un residente de Teherán, eran inconfundibles: "Muerte a Khamenei", refiriéndose al líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, y "libertad, libertad". El residente, como otros entrevistados, solicitó el anonimato, un escalofriante recordatorio de los riesgos que implica hablar.
Esto no se trata solo de cortar el acceso a las redes sociales. Un apagón de internet a nivel nacional tiene implicaciones de gran alcance. Paraliza las empresas, interrumpe la comunicación entre las familias y, crucialmente, impide el flujo de información al mundo exterior. Crea un entorno en el que el gobierno puede controlar la narrativa, suprimiendo los informes de las protestas y participando potencialmente en campañas de desinformación.
La tecnología detrás de tales cierres es compleja, pero el principio es relativamente sencillo. Irán, como muchos países, tiene una infraestructura de internet centralizada. Al controlar los puntos clave de intercambio de internet (IXP) – las ubicaciones físicas donde se conectan diferentes redes – el gobierno puede efectivamente cortar el enlace del país con el internet global. Esto se puede lograr a través de una variedad de métodos, incluyendo el cierre de routers, el filtrado de tráfico o incluso la desconexión física de cables.
Las implicaciones se extienden más allá de las fronteras de Irán. La capacidad de un gobierno para cerrar unilateralmente el internet plantea serias preguntas sobre la soberanía digital y el futuro de un internet libre y abierto. Destaca la vulnerabilidad de las sociedades que dependen en gran medida de la infraestructura digital y el potencial de los regímenes autoritarios para utilizar la tecnología como arma contra sus propios ciudadanos.
"Esta situación en Irán subraya la urgente necesidad de tecnologías que puedan eludir la censura y garantizar el acceso a la información en tiempos de crisis", dice la Dra. Elara Ramírez, especialista en derechos digitales y ciberseguridad. "Necesitamos invertir en redes descentralizadas, redes de malla y soluciones de internet por satélite que sean menos vulnerables al control gubernamental".
Las acciones del gobierno iraní también plantean preguntas sobre el papel de la IA en la censura y la vigilancia. Las herramientas impulsadas por la IA se utilizan cada vez más para monitorear la actividad en línea, identificar a los disidentes e incluso predecir posibles disturbios. Si bien se desconoce el alcance total de la participación de la IA en la represión de Irán, está claro que estas tecnologías se están volviendo cada vez más sofisticadas y están fácilmente disponibles para los regímenes autoritarios.
De cara al futuro, la situación en Irán sirve como una severa advertencia. A medida que las sociedades se vuelven cada vez más dependientes del internet, el potencial de los gobiernos para controlar y manipular la información crece. El desarrollo de tecnologías que puedan eludir la censura y proteger los derechos digitales es crucial para garantizar que el internet siga siendo una herramienta para la libertad y el empoderamiento, en lugar de un arma de opresión. El mundo está observando, y el futuro de la libertad digital bien puede depender de cómo respondamos.
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