Durante una reunión en la Casa Blanca el viernes, la propuesta del presidente Trump para que las principales compañías petroleras estadounidenses y europeas inviertan al menos $100 mil millones en el sector petrolero de Venezuela fue recibida con escepticismo por parte de los ejecutivos de la industria. Darren Woods, CEO de Exxon Mobil, expresó fuertes reservas, citando las experiencias pasadas de la compañía con la confiscación de activos en Venezuela.
Woods declaró que Exxon Mobil había sufrido la confiscación de sus activos dos veces en Venezuela, lo que hace que una tercera entrada sea muy improbable sin "cambios bastante significativos". Declaró que el país es "inviable para la inversión" en las condiciones actuales, enfatizando la necesidad de reformas legales y protecciones duraderas para la inversión. A pesar de estas preocupaciones, Woods ofreció un posible camino a seguir, indicando la disposición de Exxon Mobil a enviar un equipo exploratorio a Venezuela en cuestión de semanas, siempre y cuando existan garantías de seguridad.
Exxon Mobil y ConocoPhillips, otra importante compañía petrolera estadounidense, han estado presentando reclamos sustanciales contra el gobierno venezolano por activos nacionalizados hace aproximadamente dos décadas. La recuperación de estos fondos parecía ser una prioridad para las empresas.
El plan de inversión propuesto de $100 mil millones tiene como objetivo revitalizar la industria petrolera en dificultades de Venezuela, que se ha visto obstaculizada por años de mala gestión, corrupción y sanciones estadounidenses. Venezuela posee las reservas de petróleo probadas más grandes del mundo, pero su producción se ha desplomado en los últimos años, lo que ha afectado su economía y ha contribuido a una crisis humanitaria. La posible afluencia de capital y experiencia de las principales compañías petroleras podría impulsar significativamente la producción y generar ingresos muy necesarios para el país.
Sin embargo, la inestabilidad política y económica en Venezuela, junto con el riesgo de nuevas confiscaciones de activos, representa un importante elemento disuasorio para los inversores potenciales. El régimen de sanciones del gobierno de EE. UU., diseñado para presionar al régimen de Maduro, también complica cualquier inversión potencial.
La reticencia de los ejecutivos petroleros subraya los desafíos para atraer inversión extranjera a Venezuela, incluso con la perspectiva de retornos significativos. El éxito de cualquier inversión futura depende de la implementación de reformas legales, el establecimiento de protecciones de inversión seguras y un entorno político estable. La Casa Blanca aún no ha comentado sobre la respuesta de los ejecutivos petroleros ni ha esbozado medidas específicas para abordar sus preocupaciones.
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