El presidente Donald Trump declaró que Estados Unidos necesita "poseer" Groenlandia para evitar que Rusia y China la adquieran, reiterando el interés de su administración en el territorio semiautónomo. Trump dijo a los reporteros el viernes que "los países tienen que tener propiedad y se defiende la propiedad, no se defienden los arrendamientos. Y tendremos que defender Groenlandia", en respuesta a una pregunta de la BBC. Añadió que Estados Unidos perseguiría este objetivo "de la manera fácil" o "de la manera difícil".
La Casa Blanca confirmó recientemente que estaba considerando comprar Groenlandia a Dinamarca, un miembro de la OTAN, pero no descartó la posibilidad de una anexión por la fuerza. Tanto Dinamarca como Groenlandia han rechazado firmemente la noción de vender el territorio. Dinamarca advirtió que una acción militar pondría en peligro la alianza de defensa transatlántica.
Los líderes de los partidos de Groenlandia, incluidos los miembros de la oposición, emitieron una declaración conjunta el viernes por la noche, reiterando su exigencia de que se ponga fin a lo que describieron como el "desprecio de Estados Unidos por nuestro país". La declaración enfatizó: "No queremos ser estadounidenses, no queremos ser daneses, queremos ser groenlandeses".
El concepto de una nación que intenta adquirir territorio para obtener una ventaja estratégica no es nuevo, pero las implicaciones de tal movimiento en el siglo XXI plantean complejas cuestiones sobre la soberanía, las relaciones internacionales y el control de los recursos. La ubicación estratégica de Groenlandia en el Ártico, junto con su potencial riqueza mineral, la convierte en un punto de interés para múltiples potencias mundiales.
Estados Unidos tiene una larga historia de adquisiciones territoriales estratégicas, incluida la compra de Luisiana y la adquisición de Alaska. Sin embargo, el panorama geopolítico actual es significativamente diferente, con un mayor énfasis en el derecho internacional y los derechos de las poblaciones indígenas.
La situación pone de relieve la evolución de la dinámica de la política ártica, donde el cambio climático está abriendo nuevas rutas marítimas y el acceso a los recursos, lo que está provocando una mayor competencia entre las naciones. Rusia ha estado expandiendo su presencia militar en el Ártico, mientras que China ha estado invirtiendo en proyectos de infraestructura en la región.
El gobierno danés ha mantenido constantemente que Groenlandia no está a la venta y que su futuro reside en el Reino de Dinamarca. Groenlandia goza de un alto grado de autonomía, con su propio parlamento y gobierno, pero Dinamarca conserva el control de los asuntos exteriores y la defensa.
Estados Unidos mantiene actualmente una presencia militar en Groenlandia en la base aérea de Thule, un componente crítico de su sistema de alerta temprana de misiles balísticos. La base opera bajo un tratado con Dinamarca.
Los próximos pasos siguen siendo inciertos, pero el continuo interés de la administración estadounidense en Groenlandia sugiere que el tema seguirá siendo un punto de discordia en las relaciones internacionales. Se espera que el gobierno danés continúe resistiendo cualquier intento de comprar o anexar el territorio, mientras que es probable que los líderes de Groenlandia hagan valer su derecho a la autodeterminación.
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