Las protestas persistieron en el Gran Bazar de Teherán, un centro comercial de gran importancia histórica, a pesar del intento del Líder Supremo Ali Khamenei de diferenciar entre preocupaciones económicas legítimas y lo que él caracterizó como rebelión antigubernamental. En las manifestaciones, que comenzaron a principios de este mes, las autoridades desplegaron gases lacrimógenos contra los manifestantes que coreaban consignas dirigidas al líder supremo y a la República Islámica.
Khamenei se dirigió públicamente a los disturbios, elogiando a los comerciantes del bazar como partidarios tradicionalmente leales al régimen. Argumentó que los enemigos del Estado estaban intentando explotar el bazar para socavar al gobierno. "Hablamos con los manifestantes; los funcionarios deben hablar con ellos, pero no hay ningún beneficio en hablar con los alborotadores. Los alborotadores deben ser puestos en su lugar", declaró, intentando trazar una línea entre las quejas económicas y la disidencia política.
El Bazar de Teherán tiene un peso cultural y económico significativo en Irán. Durante siglos, ha servido no solo como un centro de comercio vital, sino también como un punto focal para la expresión social y política. Históricamente, los comerciantes del bazar, conocidos como "bazaaris", desempeñaron un papel crucial en movimientos políticos pasados, incluida la Revolución Islámica de 1979. Su giro hacia la protesta refleja un creciente descontento con el clima económico actual y la percepción de mala gestión gubernamental.
Las protestas actuales están alimentadas por una combinación de factores, incluyendo el aumento de la inflación, el desempleo y una disminución en el valor del rial iraní. Las sanciones internacionales, reimplementadas después de que Estados Unidos se retirara del acuerdo nuclear con Irán en 2018, han impactado significativamente la economía iraní, contribuyendo a la generalización de las dificultades económicas.
Los analistas sugieren que los intentos del gobierno de reprimir las protestas a través de la fuerza y la retórica pueden resultar contraproducentes. La importancia histórica del bazar y su conexión con la población iraní en general significan que su descontento podría galvanizar una mayor oposición. La comunidad internacional está observando de cerca la situación, y muchos países instan al gobierno iraní a abordar las quejas económicas subyacentes y a respetar el derecho a la protesta pacífica. La trayectoria futura de las protestas y la respuesta del gobierno siguen siendo inciertas.
Discussion
Join the conversation
Be the first to comment