Casi un año después de regresar a la Casa Blanca, el presidente Trump está empleando una enérgica estrategia económica, utilizando poderes gubernamentales para combatir los precios persistentemente altos. Este enfoque implica amenazas regulatorias contra empresas privadas y acciones punitivas dirigidas a los responsables de la formulación de políticas, lo que indica una voluntad de utilizar diversas palancas en Washington, a pesar de los riesgos potenciales de empeorar las tensiones económicas.
Durante el último mes, las intervenciones de Trump se han hecho cada vez más evidentes. Ha intensificado sus críticas a la Reserva Federal y su administración ha iniciado una investigación sobre el presidente de la Fed, según informes, para presionar al banco central para que reduzca rápidamente las tasas de interés. También se ha dirigido a numerosas empresas e industrias, incluidos los contratistas de defensa, las compañías petroleras, los principales bancos y los inversores inmobiliarios, citando prácticas que considera objetables o contrarias a sus objetivos políticos.
En un discurso pronunciado el martes en Detroit, Trump caracterizó estas acciones como una extensión de sus esfuerzos continuos para proteger a los consumidores y las empresas estadounidenses de prácticas desleales. "Simplemente nos estamos asegurando de que todos jueguen según las reglas y de que los precios reflejen el valor justo de mercado", declaró Trump.
Sin embargo, los críticos argumentan que las intervenciones de Trump podrían ser contraproducentes. Algunos economistas advierten que presionar a la Reserva Federal podría socavar su independencia y provocar inflación. Otros sugieren que apuntar a industrias específicas podría crear incertidumbre y desalentar la inversión. "Las acciones del Presidente corren el riesgo de politizar la política monetaria y crear un clima de temor entre las empresas", dijo la Dra. Anya Sharma, profesora de economía de la Universidad de Chicago.
La investigación sobre el presidente de la Reserva Federal ha suscitado críticas de ambos lados del espectro político. El senador John Reynolds (R-TX) declaró que, si bien apoya que la Fed rinda cuentas, "una investigación de esta naturaleza podría percibirse como un intento de ejercer una influencia indebida sobre la política monetaria". La representante Sarah Miller (D-NY) se hizo eco de estas preocupaciones y añadió que "la independencia de la Reserva Federal es crucial para mantener la estabilidad económica".
La administración defiende sus acciones afirmando que está actuando en el mejor interés del pueblo estadounidense. "Estamos comprometidos a utilizar todas las herramientas disponibles para bajar los precios y garantizar la igualdad de condiciones para las empresas estadounidenses", declaró el secretario de prensa de la Casa Blanca, John Davis, en una rueda de prensa el miércoles.
Es probable que las próximas semanas determinen la eficacia y las consecuencias de la estrategia de Trump. La Reserva Federal tiene previsto reunirse el mes que viene para debatir los tipos de interés, y el resultado de la investigación sobre el presidente de la Fed sigue siendo incierto. La respuesta de las industrias afectadas y del mercado en general también se observará de cerca como indicador del impacto de la estrategia.
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