La administración Trump propuso el martes una nueva norma destinada a acelerar el proceso de permisos para grandes proyectos de energía e infraestructura, lo que podría afectar a los oleoductos y gasoductos y a las instalaciones relacionadas con la inteligencia artificial. La norma se centra en la modificación de la Sección 401 de la Ley de Agua Limpia, una ley establecida en la década de 1970 que regula la contaminación del agua en los Estados Unidos.
Durante décadas, la Sección 401 ha permitido a los estados y tribus aprobar, condicionar o rechazar los permisos federales para los proyectos considerados perjudiciales para las vías fluviales locales. Los cambios propuestos tienen como objetivo limitar esta autoridad, con el objetivo de agilizar los proyectos y promover el dominio energético, según Jess Kramer, administrador adjunto de la EPA para el agua. Kramer declaró en una rueda de prensa que la norma garantiza que los estados y las tribus utilicen la Sección 401 únicamente para el propósito previsto: proteger la calidad del agua, en lugar de como una herramienta para detener los proyectos.
La Ley de Agua Limpia, una piedra angular de la regulación ambiental, ha proporcionado históricamente a los estados y tribus una influencia significativa en el desarrollo de la infraestructura. Esta autoridad se deriva de la comprensión de que las entidades locales están en la mejor posición para evaluar los posibles impactos ambientales en sus vías fluviales específicas. La norma propuesta introduce cambios de procedimiento que podrían agilizar el proceso de revisión, reduciendo potencialmente los retrasos y las incertidumbres para los promotores de proyectos.
Los críticos argumentan que la limitación de la autoridad estatal y tribal en virtud de la Sección 401 podría conducir a un aumento de los riesgos ambientales, en particular en lo que respecta a la calidad del agua. Sostienen que los cambios dan prioridad al desarrollo económico sobre la protección del medio ambiente, lo que podría socavar la salud a largo plazo de los ecosistemas y las comunidades. Los partidarios, sin embargo, sostienen que los cambios eliminarán los obstáculos burocráticos innecesarios y promoverán el crecimiento económico, salvaguardando al mismo tiempo la calidad del agua.
La norma propuesta se encuentra actualmente en revisión y está sujeta a comentarios públicos. La EPA tendrá en cuenta las opiniones antes de finalizar la norma, que podría enfrentarse a impugnaciones legales por parte de grupos ecologistas y estados que se oponen a los cambios. Es probable que el resultado tenga importantes implicaciones para el futuro del desarrollo de infraestructuras y la regulación ambiental en Estados Unidos.
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