Una startup de inteligencia artificial, Harmonic, anunció este mes que su tecnología de IA, Aristotle, había resuelto un complejo problema matemático planteado por el académico del siglo XX Paul Erdos, con la ayuda de GPT-5.2 Pro de OpenAI. La afirmación desató un debate dentro de las comunidades de informática y matemáticas sobre las verdaderas capacidades de la inteligencia artificial para generar ideas genuinamente nuevas.
El logro, resolver un problema de Erdos, fue inicialmente aclamado por algunos como un hito significativo, lo que sugiere que la IA había progresado a un nivel en el que podía contribuir a la investigación académica legítima. Sin embargo, el escepticismo surgió rápidamente, con expertos que cuestionaron la originalidad de la solución generada por la IA.
Terence Tao, profesor de la Universidad de California, Los Ángeles, y un matemático muy respetado, comparó el enfoque de la IA con "un estudiante realmente inteligente que ha memorizado todo para el examen, pero no tiene una comprensión profunda del concepto". Esta analogía destaca una pregunta central en el campo: ¿puede la IA realmente innovar, o se destaca principalmente en el reconocimiento de patrones y la regurgitación del conocimiento existente?
Los problemas de Erdos, una colección de acertijos matemáticos notoriamente difíciles, han desafiado a los matemáticos durante décadas. Su complejidad requiere no solo un vasto conocimiento, sino también habilidades creativas para la resolución de problemas. La afirmación de Harmonic de que su IA había resuelto uno de estos problemas despertó la esperanza de que la IA pudiera aumentar el intelecto humano y acelerar el descubrimiento científico.
La tecnología subyacente, GPT-5.2 Pro, es un modelo de lenguaje grande, un tipo de IA que se entrena con conjuntos de datos masivos de texto y código. Estos modelos aprenden a identificar patrones y relaciones dentro de los datos, lo que les permite generar texto similar al humano, traducir idiomas e incluso escribir código informático. Si bien son impresionantes, estas capacidades no necesariamente equivalen a una creatividad o comprensión genuinas.
El debate en torno a la solución de Aristotle subraya la discusión en curso sobre la naturaleza de la inteligencia, tanto artificial como humana. Si bien la IA sin duda puede procesar información y generar resultados a velocidades que superan con creces las capacidades humanas, su capacidad para comprender, razonar e innovar verdaderamente sigue siendo objeto de un intenso escrutinio. El incidente sirve como un recordatorio de que, si bien la IA está avanzando rápidamente, es crucial evaluar críticamente sus contribuciones y evitar exagerar sus capacidades actuales.
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