Los trabajadores tecnológicos son cada vez más vocales en su condena a la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), lo que crea un posible desafío de relaciones públicas para las empresas tecnológicas. Si bien los directores ejecutivos permanecieron en gran medida en silencio, la creciente disidencia entre los empleados señala un posible cambio en la relación de la industria con el gobierno.
El cambio se produce después de que un agente de ICE disparara y matara a una ciudadana estadounidense desarmada, Renee Nicole Good, en Minneapolis la semana pasada. Más de 150 trabajadores tecnológicos han denunciado públicamente las tácticas de la administración Trump. Este activismo de los empleados podría afectar las valoraciones de las empresas si conduce a boicots o empaña la imagen de la marca. Aunque es difícil de cuantificar con precisión, el daño a la reputación puede traducirse en una disminución de las ventas y la confianza de los inversores.
La industria tecnológica ha mantenido en gran medida un enfoque de "business-as-usual" desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca en enero pasado, interactuando con la administración en temas como el comercio y la inmigración. Las empresas han tratado de navegar por el panorama político para proteger sus intereses comerciales, incluido el acceso a los mercados y el talento extranjeros. Esto implicó asistir a cenas con funcionarios, elogiar a la administración y suplicar permiso para vender sus productos a China.
Empresas como Google y Anthropic emplean a investigadores que se han pronunciado públicamente en contra de ICE. Estas empresas, junto con otras en Silicon Valley, dependen de una fuerza laboral que a menudo es políticamente activa y socialmente consciente. La tensión entre los intereses corporativos y los valores de los empleados no es nueva, pero la creciente visibilidad del activismo de los empleados presenta un desafío único para el liderazgo tecnológico.
De cara al futuro, la industria tecnológica se enfrenta a una decisión crítica: seguir priorizando las relaciones gubernamentales o abordar las crecientes preocupaciones de su fuerza laboral. El impacto a largo plazo de este conflicto interno podría remodelar el compromiso político de la industria e influir en su capacidad para atraer y retener talento. El silencio de los directores ejecutivos puede no ser sostenible a medida que el activismo de los empleados gana impulso.
Discussion
Join the conversation
Be the first to comment