Los groenlandeses expresaron una variedad de emociones, incluyendo conmoción, ira, confusión, humillación, insulto y miedo, en respuesta a la oferta del presidente Trump de comprar Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca. La oferta, y la sugerencia de Trump de que los groenlandeses estarían mejor como estadounidenses, provocaron fuertes reacciones tanto de funcionarios como de ciudadanos.
Pipaluk Lynge, un alto funcionario groenlandés y líder del comité de política exterior y seguridad del Parlamento, declaró: "No vamos a vender nuestra alma. No somos estúpidos", reflejando un sentimiento de resistencia a la venta propuesta. Lynge también aludió al maltrato histórico de los pueblos indígenas en los Estados Unidos, así como a las preocupaciones sobre el sistema de salud estadounidense y la desigualdad económica.
Durante más de tres siglos, Groenlandia ha sido parte del Reino de Dinamarca. La reciente propuesta ha impulsado a los groenlandeses a participar activamente en debates sobre su futuro, buscando asegurar que sus voces sean escuchadas.
El ministro de Relaciones Exteriores de Groenlandia tiene previsto participar en una reunión de alto nivel en Washington el miércoles. Se espera que la reunión aborde las implicaciones de la propuesta de Estados Unidos y la relación de Groenlandia tanto con Estados Unidos como con Dinamarca. Las discusiones tienen como objetivo aclarar la trayectoria futura de la isla y su gente frente a la renovada atención internacional.
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