Según una estimación de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés), la propuesta del presidente Donald Trump de renombrar el Departamento de Defensa de los Estados Unidos como Departamento de Guerra podría costar aproximadamente $125 millones. El posible cambio de marca se deriva de una orden ejecutiva firmada el 5 de septiembre, cuyo objetivo era restablecer los títulos históricos de "Departamento de Guerra" y "Oficina del Secretario de Guerra" como designaciones secundarias para el actual Departamento de Defensa y la Oficina del Secretario de Defensa.
La orden ejecutiva incluía una disposición para que el Secretario de Guerra presentara una solicitud formal para un cambio de nombre permanente. Los senadores Jeff Merkley y Chuck Schumer solicitaron el análisis de la CBO. La CBO estimó que una implementación mínima del cambio de nombre, que afectaría principalmente las operaciones internas del departamento, costaría alrededor de $10 millones. Este costo inicial, señaló la CBO, podría ser absorbido dentro del presupuesto existente del departamento como un costo de oportunidad. Sin embargo, un cambio de marca integral, que abarque todos los aspectos de las operaciones del departamento, podría elevar los costos a $125 millones. Esta cifra tiene en cuenta gastos como el reemplazo de papelería, señalización y la actualización de documentos oficiales en todo el departamento.
El Departamento de Defensa, establecido en 1947 como parte de la Ley de Seguridad Nacional, consolidó los Departamentos de Guerra y Marina. El Departamento de Guerra original fue creado en 1789 y fue inicialmente responsable de la operación y el mantenimiento del Ejército de los Estados Unidos, y también se encargó de los asuntos navales hasta el establecimiento del Departamento de la Marina en 1798. El cambio de nombre propuesto evoca un período histórico en el que el papel global de los Estados Unidos era significativamente diferente.
El posible cambio de nombre ha desatado un debate, y algunos críticos argumentan que el título de "Departamento de Guerra" podría proyectar una imagen agresiva a nivel internacional, lo que podría afectar las relaciones diplomáticas y las alianzas. Otros sugieren que los fondos asignados para el cambio de marca podrían utilizarse mejor en otras áreas críticas, como la preparación militar o el apoyo a los programas para veteranos. La estimación de costos de la CBO destaca las implicaciones financieras del cambio propuesto, lo que plantea interrogantes sobre las prioridades y la justificación detrás de la iniciativa. El siguiente paso implica que el Secretario de Guerra presente la solicitud para el cambio de nombre permanente, después de lo cual la propuesta probablemente enfrentará un mayor escrutinio y debate dentro del gobierno de los Estados Unidos.
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