La vibrante escena musical afgana en Peshawar, Pakistán, un refugio para artistas que huyen del conflicto y la opresión, se enfrenta a un silencio inminente a medida que las autoridades pakistaníes expulsan a los refugiados afganos. Desde el año pasado, un millón de afganos se han visto obligados a marcharse, interrumpiendo una comunidad de músicos, tejedores de alfombras y bailarines que han prosperado durante décadas.
Pakistán había sido durante mucho tiempo un santuario para los afganos que escapaban de la guerra y la agitación política, inicialmente de los invasores soviéticos en la década de 1980 y más tarde de los talibanes, que tomaron el poder por primera vez en la década de 1990. La postura de los talibanes contra la música, incluida la persecución de artistas y la destrucción de instrumentos, se intensificó tras su resurgimiento en 2021. Esto llevó a muchos músicos a buscar seguridad en Pakistán, particularmente en ciudades como Peshawar, donde podían continuar con sus tradiciones artísticas.
Sin embargo, desde 2023, el gobierno pakistaní ha acusado a los talibanes de apoyar a los insurgentes que atacan Pakistán. En respuesta, han declarado a millones de afganos, incluidos los que huyeron tras la toma del poder por los talibanes, como inmigrantes ilegales sujetos a expulsión. Esta represión amenaza la existencia de la comunidad musical afgana en Peshawar, afectando a salones de bodas, escenarios de conciertos y reuniones privadas donde su música resonaba. La pérdida de este centro cultural no solo silenciaría las voces de estos artistas, sino que también disminuiría el rico patrimonio musical de Afganistán.
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