El presidente de Uganda, Yoweri Museveni, obtuvo un séptimo mandato, según los resultados oficiales publicados el 17 de enero de 2026, extendiendo su gobierno a cuatro décadas con casi el 72% de los votos. El candidato de la oposición, Bobi Wine, sin embargo, rechazó inmediatamente los resultados, alegando fraude generalizado y calificándolos de "falsos". Wine instó a sus seguidores a participar en protestas callejeras no violentas.
La Comisión Electoral anunció los resultados después de un tenso período electoral marcado por el cierre de internet e informes de presencia militar en bastiones de la oposición. Según la comisión, Museveni obtuvo el 71,6% de los votos, mientras que Wine recibió el 28,4%. Observadores internacionales han expresado su preocupación por la imparcialidad y la transparencia del proceso electoral.
Museveni, quien tomó el poder en 1986, ha mantenido un firme control sobre Uganda, supervisando un período de relativa estabilidad y crecimiento económico, pero también enfrentando críticas por sus tendencias autoritarias y la supresión de la disidencia. Wine, un popular músico convertido en político, ha surgido como un importante contendiente, particularmente entre los votantes más jóvenes que se sienten atraídos por su mensaje de cambio y su postura anticorrupción.
Wine, cuyo nombre real es Robert Kyagulanyi Ssentamu, declaró en una conferencia de prensa que la elección fue "la más fraudulenta en la historia de Uganda". Afirmó que a sus agentes electorales se les impidió el acceso a los centros de votación y que se produjo relleno de urnas en varias áreas. "Tenemos evidencia de manipulación generalizada y no aceptaremos estos resultados", dijo Wine.
El gobierno ha defendido la integridad de las elecciones, citando las medidas adoptadas para prevenir el fraude electoral. Sin embargo, el cierre de internet, que duró varios días antes y después de las elecciones, generó preocupación sobre la intención del gobierno de controlar el flujo de información. Los críticos argumentan que el cierre dificultó la capacidad de los partidos de la oposición para monitorear las elecciones y comunicarse con sus seguidores.
La situación en Uganda sigue siendo tensa, con fuerzas de seguridad desplegadas en Kampala y otras ciudades importantes. El potencial de protestas y disturbios es alto, y la comunidad internacional está observando de cerca los acontecimientos. Se espera que la Unión Africana y otros organismos regionales publiquen declaraciones sobre el resultado de las elecciones y el clima político posterior. Estados Unidos y la Unión Europea también han expresado su preocupación y han pedido una resolución pacífica de la disputa. Las implicaciones a largo plazo de esta elección para la estabilidad política y el futuro democrático de Uganda están aún por verse.
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