Investigadores han identificado una interacción proteica previamente desconocida que parece acelerar la progresión de la enfermedad de Parkinson al interrumpir el suministro de energía del cerebro. El descubrimiento, anunciado el 20 de enero de 2026 por científicos de la Universidad Case Western Reserve, ha conducido al desarrollo de un tratamiento dirigido que, en modelos de laboratorio y animales, bloqueó con éxito este proceso dañino y restauró la función de las células cerebrales.
El equipo de investigación descubrió que una interacción específica entre proteínas estaba causando que las neuronas perdieran energía, contribuyendo a la neurodegeneración característica del Parkinson. "Hemos identificado un mecanismo molecular clave que impulsa la enfermedad en su núcleo", dijo la Dra. Emily Carter, investigadora principal del proyecto. "Al interceptar esta interacción dañina, podemos proteger las células cerebrales y potencialmente ralentizar o incluso detener la progresión del Parkinson".
El tratamiento experimental, diseñado para interrumpir la interacción proteica identificada, demostró resultados prometedores en estudios preclínicos. Los investigadores informaron mejoras en el movimiento y el rendimiento cognitivo en modelos animales, junto con una reducción de la inflamación cerebral, un síntoma común del Parkinson. Los hallazgos sugieren una nueva vía potencial para desarrollar terapias que aborden las causas subyacentes de la enfermedad, en lugar de simplemente controlar sus síntomas.
La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo progresivo que afecta a aproximadamente un millón de personas en los Estados Unidos, con casi 90.000 nuevos casos diagnosticados cada año. La enfermedad se caracteriza por la pérdida de neuronas productoras de dopamina en el cerebro, lo que lleva a síntomas motores como temblores, rigidez y lentitud de movimiento, así como síntomas no motores que incluyen deterioro cognitivo, depresión y trastornos del sueño. Los tratamientos actuales se centran principalmente en el manejo de estos síntomas, pero no previenen la neurodegeneración subyacente.
"Esta investigación ofrece un importante paso adelante en nuestra comprensión de la enfermedad de Parkinson", dijo el Dr. Michael Davis, un neurólogo no involucrado en el estudio. "La identificación de un objetivo molecular específico abre nuevas posibilidades para desarrollar terapias modificadoras de la enfermedad que podrían tener un profundo impacto en la vida de las personas que viven con Parkinson".
Los investigadores ahora están trabajando para avanzar el tratamiento experimental hacia ensayos clínicos en humanos. También están explorando el potencial de utilizar este enfoque para atacar otras enfermedades neurodegenerativas que comparten mecanismos subyacentes similares. El equipo espera que sus hallazgos allanen el camino para una nueva generación de terapias para el Parkinson que puedan ralentizar o prevenir eficazmente la progresión de la enfermedad.
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