El presidente de Taiwán, Lai Ching-te, se enfrenta a importantes vientos políticos en contra, ya que los partidos de la oposición en la legislatura bloquean repetidamente su propuesta de presupuesto especial de defensa. El presupuesto, que asciende aproximadamente a 40.000 millones de dólares, tiene como objetivo reforzar las defensas de Taiwán durante los próximos ocho años mediante inversiones en nuevos sistemas de defensa antimisiles, armas de precisión de largo alcance y sistemas no tripulados.
Lai, que lleva un año en el cargo, ha advertido sistemáticamente de la urgencia de prepararse para un posible conflicto con China, abogando por un aumento del gasto en defensa y la modernización militar. Además del presupuesto especial, ha apoyado una compra de armas a Estados Unidos por valor de 11.000 millones de dólares, destinada a mejorar las capacidades de disuasión de la isla.
La principal oposición proviene de los partidos que controlan la legislatura, incluido el Kuomintang (KMT). Fu Kun-chi, el líder del grupo parlamentario del KMT, no ha declarado públicamente las razones para bloquear el presupuesto.
El estancamiento pone de relieve el complejo panorama político interno de Taiwán, donde las diferentes opiniones sobre la seguridad nacional y las relaciones a través del Estrecho influyen en las decisiones políticas. El presupuesto de defensa propuesto refleja la estrategia de Lai de fortalecer las capacidades de autodefensa de Taiwán como elemento disuasorio contra una posible agresión. Este enfoque se alinea con una tendencia más amplia de los países a aprovechar los avances tecnológicos, incluidos los sistemas impulsados por la IA, para mejorar su preparación militar.
El retraso en la aprobación del presupuesto suscita preocupación por la capacidad de Taiwán para modernizar su ejército y mantener una postura de defensa creíble. El actual estancamiento político podría afectar a la estrategia de seguridad de Taiwán y a su capacidad para responder a la evolución de las amenazas en la región. Los próximos pasos probablemente implicarán nuevas negociaciones entre la oficina presidencial y los partidos legislativos para encontrar puntos en común sobre las prioridades del gasto en defensa.
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