Durante un discurso en Davos, Suiza, el miércoles, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, reiteró su deseo de que Estados Unidos adquiera Groenlandia, aclarando que no usaría la fuerza para hacerlo. Trump enfatizó la importancia estratégica de Groenlandia entre EE. UU., Rusia y China como la principal justificación de su interés en adquirir el territorio.
Los comentarios de Trump se produjeron durante una discusión sobre su estrategia de negociación basada en aranceles. También ofreció un relato histórico de la relación de Estados Unidos con Groenlandia y Dinamarca, afirmando: "Durante la Segunda Guerra Mundial, salvamos Groenlandia y evitamos con éxito que nuestros enemigos se afianzaran en nuestro hemisferio". Esta declaración es parcialmente precisa, ya que Estados Unidos asumió la responsabilidad de la defensa de Groenlandia después de que Alemania invadiera Dinamarca.
Los comentarios del Presidente provocaron reacciones variadas, que van desde el alivio y el escepticismo hasta la ofensa, entre los groenlandeses. La situación destaca la compleja dinámica geopolítica en juego en la región ártica, donde el derretimiento de los casquetes polares está abriendo nuevas rutas marítimas y acceso a valiosos recursos.
Estados Unidos asumió la responsabilidad de la defensa de Groenlandia en 1941 tras la ocupación nazi de Dinamarca, estableciendo bases militares en la isla. Este acuerdo continuó durante la Guerra Fría, y la Base Aérea de Thule se convirtió en un componente crítico de los sistemas de defensa antimisiles de Estados Unidos. En 1951, Dinamarca y Estados Unidos firmaron un acuerdo que otorgaba a Estados Unidos amplios derechos en Groenlandia.
Si bien Estados Unidos tiene una larga historia de presencia militar en Groenlandia, Dinamarca mantiene la soberanía sobre la isla. Groenlandia obtuvo una mayor autonomía de Dinamarca en 1979 y amplió aún más su autogobierno en 2009, lo que le dio el control sobre la mayoría de las áreas, excepto la política exterior y la defensa.
El anterior interés de Trump en comprar Groenlandia, expresado en 2019, fue recibido con un firme rechazo tanto de los funcionarios daneses como de los groenlandeses. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, calificó la idea de "absurda", y los líderes groenlandeses enfatizaron que la isla no estaba a la venta.
El estado actual de cualquier negociación potencial sigue sin estar claro. Si bien Trump ha declarado que no usará la fuerza, el camino a seguir para cualquier adquisición potencial sigue siendo incierto, dada la soberanía de Dinamarca y el autogobierno de Groenlandia. La situación subraya la importancia de la cooperación internacional y el respeto por la soberanía nacional en la región ártica.
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