Cada semana, se estima que 230 millones de personas están usando ChatGPT para hacer preguntas relacionadas con la salud, según OpenAI. Este aumento en las consultas de salud impulsadas por la IA se produce cuando OpenAI lanzó recientemente su producto ChatGPT Health a principios de este mes, lo que plantea interrogantes sobre los posibles beneficios y riesgos de usar modelos de lenguaje grandes (LLM) para obtener información médica.
Durante dos décadas, las personas que experimentan nuevos síntomas médicos han recurrido comúnmente a Internet para obtener información, una práctica a menudo denominada "Dr. Google". Ahora, los LLM se están convirtiendo cada vez más en una fuente para las consultas relacionadas con la salud, lo que provoca un debate sobre si los riesgos inherentes al uso de la IA en este contexto pueden mitigarse adecuadamente.
El uso de la IA para obtener información sobre la salud conlleva riesgos potenciales, incluida la generación de información inexacta o engañosa. Los expertos enfatizan la importancia de evaluar cuidadosamente la fiabilidad y la precisión de los consejos de salud generados por la IA.
Mientras tanto, Estados Unidos se enfrenta a un conflicto interno cada vez mayor sobre la regulación de la inteligencia artificial. A finales de 2025, las tensiones llegaron a un punto crítico cuando el Congreso no aprobó una ley que prohibiera las leyes estatales sobre IA. Posteriormente, el entonces presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva el 11 de diciembre de 2025, destinada a restringir a los estados la regulación de la industria de la IA, que está creciendo rápidamente, lo que pone de relieve la continua lucha por establecer un enfoque unificado para la gobernanza de la IA en todo el país. La orden ejecutiva tenía como objetivo evitar un mosaico de regulaciones a nivel estatal que pudieran sofocar la innovación y crear desafíos de cumplimiento para las empresas de IA. La medida desató una controversia inmediata, y algunos estados se comprometieron a impugnar la orden en los tribunales, argumentando que excedía la autoridad federal e infringía su derecho a proteger a sus ciudadanos de los riesgos potenciales asociados con la IA.
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