Las acciones del presidente Donald Trump durante su primer año de regreso a la Casa Blanca han desatado un debate sobre el equilibrio de poder entre el poder ejecutivo y los demás poderes del gobierno. Los críticos sostienen que Trump ha expandido el poder ejecutivo y erosionado las normas democráticas de maneras sin precedentes en la historia de Estados Unidos, lo que podría empujar al país hacia el autoritarismo.
Estas preocupaciones provienen de acciones como el despido de inspectores generales, el desplazamiento del Congreso y los ataques del presidente a los medios de comunicación, todo lo cual, según los críticos, son intentos de controlar la información y eludir los controles y equilibrios tradicionales. Según el personal de NPR, estas acciones comenzaron inmediatamente después de que Trump juró el cargo.
Los partidarios del presidente argumentan que sus acciones están dentro de los límites de la Constitución y reflejan el mandato que recibió de los votantes para promulgar cambios significativos. Sostienen que la Constitución permite una "presidencia musculosa" capaz de una acción decisiva.
Académicos de la democracia han expresado su preocupación por las implicaciones a largo plazo de las acciones de Trump. Argumentan que la erosión de las normas democráticas podría debilitar los cimientos del gobierno estadounidense y hacerlo más susceptible al abuso de poder.
A pesar de mantener la popularidad entre su base, el índice general de aprobación del trabajo de Trump ha disminuido. Los críticos esperan que esta menguante popularidad, junto con las próximas elecciones de mitad de período, proporcionen un control más fuerte sobre el poder del presidente. Muchos ven las elecciones de mitad de período como una oportunidad para que los votantes expresen sus puntos de vista sobre la dirección del país y, potencialmente, cambien el equilibrio de poder en el Congreso.
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