Cada semana, se estima que 230 millones de personas recurren a ChatGPT para obtener información relacionada con la salud, según OpenAI. Este aumento en las consultas médicas impulsadas por la IA se produce cuando OpenAI lanzó recientemente su producto ChatGPT Health a principios de este mes, lo que plantea interrogantes sobre los posibles beneficios y riesgos de utilizar modelos de lenguaje grandes (LLM) para la orientación en materia de atención médica.
La creciente dependencia de la IA para obtener información médica marca un cambio con respecto a las búsquedas tradicionales en línea, a menudo denominadas "Dr. Google", donde las personas se autodiagnosticaban basándose en los resultados de los motores de búsqueda. Ahora, muchos optan por preguntar a los LLM como ChatGPT sobre sus síntomas y posibles tratamientos.
El debate central gira en torno a si los riesgos inherentes al uso de la IA para las consultas de salud pueden mitigarse adecuadamente para garantizar un impacto neto positivo en los resultados de salud de las personas. Los expertos están sopesando la conveniencia y la accesibilidad de la información de salud impulsada por la IA frente al potencial de inexactitudes, sesgos e interpretaciones erróneas.
Mientras tanto, en Estados Unidos, la regulación de la inteligencia artificial se está convirtiendo en un tema polémico. Las tensiones aumentaron a finales de 2025, culminando con la firma por parte del presidente Donald Trump de una orden ejecutiva el 11 de diciembre que tenía como objetivo limitar la capacidad de los estados para regular la industria de la IA. Esta acción se produjo tras dos intentos fallidos por parte del Congreso de aprobar una ley que impidiera las regulaciones de la IA a nivel estatal.
La orden ejecutiva refleja una creciente división entre las autoridades federales y estatales con respecto al nivel apropiado de supervisión de la IA. Los partidarios de la intervención federal abogan por un marco nacional uniforme para evitar un panorama regulatorio fragmentado que podría obstaculizar la innovación. Por el contrario, los defensores del control estatal enfatizan la necesidad de regulaciones localizadas adaptadas a las preocupaciones y prioridades regionales específicas. El conflicto pone de relieve los complejos desafíos que plantea la gobernanza de una tecnología que evoluciona rápidamente y que tiene amplias implicaciones sociales.
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