Los estados de la UE respaldaron un histórico acuerdo de libre comercio con el bloque Mercosur de países latinoamericanos, una medida destinada a remodelar los flujos comerciales transatlánticos tras un cuarto de siglo de negociaciones. El acuerdo, que abarca a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, desencadenó inmediatamente protestas en toda Europa, especialmente entre los agricultores preocupados por su posible impacto en sus medios de vida.
El acuerdo tiene como objetivo eliminar los aranceles a más del 90% de los bienes comercializados entre los dos bloques, lo que representa un mercado de más de 700 millones de consumidores. La UE prevé un aumento de las exportaciones de productos manufacturados, automóviles y maquinaria, mientras que se espera que los países del Mercosur se beneficien de un mayor acceso al mercado europeo para productos agrícolas como la carne de vacuno, las aves de corral y el azúcar. Las estimaciones preliminares sugieren que el acuerdo podría impulsar el PIB de la UE en 99.000 millones de euros en diez años. Sin embargo, el sector agrícola europeo teme una mayor competencia y una posible depresión de los precios, lo que ha provocado las protestas antes mencionadas.
El acuerdo llega en un momento de importante incertidumbre geopolítica y económica. Las interrupciones de la cadena de suministro causadas por los recientes acontecimientos mundiales han subrayado la necesidad de diversificar las asociaciones comerciales. La UE considera el acuerdo con el Mercosur como una medida estratégica para reducir su dependencia de otros socios comerciales importantes y asegurar el acceso a recursos vitales. Por el contrario, los países del Mercosur ven el acuerdo como una oportunidad para atraer inversión extranjera y modernizar sus economías.
El acuerdo UE-Mercosur es la culminación de las negociaciones que comenzaron en 1999. Los intentos anteriores de llegar a un consenso se vieron obstaculizados por los desacuerdos sobre las subvenciones agrícolas, las normas medioambientales y los derechos de propiedad intelectual. El acuerdo actual incluye disposiciones destinadas a abordar estas preocupaciones, incluidos los compromisos con el desarrollo sostenible y la protección de las indicaciones geográficas.
De cara al futuro, el acuerdo se enfrenta a varios obstáculos antes de su plena aplicación. Debe ser ratificado por el Parlamento Europeo y los parlamentos nacionales de cada Estado miembro de la UE, un proceso que podría llevar varios años. Es probable que la oposición de los agricultores y los grupos ecologistas continúe, lo que podría provocar nuevos retrasos o modificaciones del acuerdo. A pesar de estos desafíos, el acuerdo UE-Mercosur representa un paso significativo hacia unos lazos económicos más estrechos entre Europa y América Latina, con consecuencias potencialmente de gran alcance para el comercio mundial y los patrones de inversión.
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