El líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, prometió el viernes que el gobierno no cedería ante las protestas generalizadas que han sacudido a la nación en las últimas semanas. La declaración se produjo cuando el liderazgo del país señaló una posible escalada en su represión contra los manifestantes.
Jamenei, en un discurso televisado en Teherán, acusó a los manifestantes de vandalismo y de actuar para complacer al presidente Trump. "Hay personas cuyo trabajo se trata solo de destrucción", dijo.
Horas más tarde, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán emitió una declaración que indicaba que los "saboteadores" enfrentarían graves consecuencias, lo que indica una postura más dura contra los disturbios en curso. Esta fue una de varias declaraciones oficiales el viernes que sugirieron que el gobierno estaba preparado para intensificar su respuesta a los levantamientos.
El fiscal público de Teherán, Ali Salehi, declaró que las personas involucradas en sabotaje, vandalismo o enfrentamientos con las fuerzas de seguridad podrían enfrentar la pena de muerte por ahorcamiento. Sus comentarios, transmitidos por la emisora estatal de Irán, enfatizaron la determinación del gobierno. "No vamos a comprometernos con terroristas armados", dijo Salehi.
Las protestas, que comenzaron a fines de diciembre, inicialmente se centraron en quejas económicas, pero desde entonces se han ampliado para incluir demandas de cambio político y la destitución del gobierno. El gobierno respondió a los crecientes disturbios implementando un apagón de Internet casi total el jueves, lo que obstaculizó la comunicación y el flujo de información.
Las protestas y la respuesta del gobierno han atraído la atención internacional, y el presidente Trump se comprometió a apoyar a los manifestantes si se enfrentaban a una fuerza letal.
La ola actual de protestas se encuentra entre los desafíos más importantes para el gobierno iraní desde las manifestaciones del Movimiento Verde en 2009. Esas protestas siguieron a una disputada elección presidencial y fueron recibidas con una dura represión gubernamental. Las protestas actuales difieren en su alcance geográfico y la amplitud de las quejas expresadas.
La respuesta del gobierno a las protestas ha sido condenada por organizaciones de derechos humanos, que han expresado su preocupación por el uso de la fuerza contra los manifestantes y las restricciones al acceso a Internet. El gobierno sostiene que está actuando para mantener el orden y proteger la seguridad nacional. La situación sigue siendo fluida, con el potencial de una mayor escalada.
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