Los estados de la UE respaldaron un acuerdo de libre comercio histórico con las naciones del Mercosur, una medida destinada a remodelar el comercio transatlántico después de un cuarto de siglo de negociaciones. El acuerdo, que abarca a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, desató protestas inmediatas en toda Europa, particularmente entre los agricultores que temen una disrupción económica.
El acuerdo tiene como objetivo eliminar los aranceles a más del 90% de los bienes comercializados entre los dos bloques, lo que podría ahorrar a los exportadores de la UE más de 4.000 millones de euros anuales. Se espera que los sectores agrícolas, incluida la carne de res, las aves de corral y el azúcar, enfrenten una mayor competencia de los productores sudamericanos. Por el contrario, los fabricantes europeos de automóviles, maquinaria y productos químicos anticipan importantes ganancias en las exportaciones. La Comisión Europea estima que el acuerdo podría impulsar el PIB de la UE en un 0,1% a largo plazo.
El acuerdo del Mercosur llega en medio de un impulso global para la diversificación del comercio, ya que las tensiones geopolíticas y las vulnerabilidades de la cadena de suministro impulsan a las naciones a buscar mercados alternativos. Para la UE, el acuerdo ofrece acceso a un mercado de más de 260 millones de consumidores y diversifica su abastecimiento de productos agrícolas. Sin embargo, el acuerdo enfrenta una fuerte oposición de los grupos de presión agrícolas y los grupos ecologistas, quienes argumentan que socavará los estándares agrícolas europeos y contribuirá a la deforestación en la selva amazónica.
El acuerdo UE-Mercosur representa un paso significativo hacia lazos económicos más estrechos entre Europa y América Latina. El Mercosur, establecido en 1991, ha enfrentado desafíos para alcanzar su máximo potencial debido a las barreras comerciales internas y la inestabilidad macroeconómica dentro de sus estados miembros. La UE, por otro lado, busca fortalecer su posición como líder comercial mundial en medio del creciente proteccionismo y la competencia de China.
El futuro del acuerdo depende de la ratificación por parte del Parlamento Europeo y de los estados miembros individuales. Los obstáculos políticos siguen siendo sustanciales, dada la fuerte oposición de los agricultores y los grupos ecologistas. La Comisión Europea se compromete a abordar estas preocupaciones a través de mecanismos de salvaguardia y disposiciones de sostenibilidad. Sin embargo, el éxito final del acuerdo UE-Mercosur dependerá de su capacidad para ofrecer beneficios económicos tangibles al tiempo que mitiga sus posibles costos sociales y ambientales.
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